En este escrito descubriremos paso a paso la verdad fundamental acerca de la DEIDAD según nos revelan las Sagradas Escrituras y nos enseña el Espíritu Santo.
El apóstol Juan escribió acerca de tener cuidado de no seguir falsas enseñanzas de maestros que habían surgido de la iglesia de creyentes. Él nos exhorta a no confiar en las enseñanzas de hombres, sino a dejar que la unción del Espíritu Santo que hemos recibido nos enseñe la comprensión de la Palabra de Dios:
«Les escribo estas cosas para advertirles acerca de los que quieren apartarlos del camino. Ustedes han recibido al Espíritu Santo, y él vive dentro de cada uno de ustedes, así que no necesitan que nadie les enseñe lo que es la verdad. Pues el Espíritu les enseña todo lo que necesitan saber, y lo que él enseña es verdad, no mentira. Así que, tal como él les ha enseñado, permanezcan en comunión con Cristo».
(1 Juan 2:26-27)
El cristianismo tradicional contemporáneo ha estado y sigue enseñando doctrinas metafóricas bastante confusas, como la de “un Dios Trinitario de tres personas coexistentes y co-iguales”, o como la de “un Dios Unitario de solo una persona, pero con tres rostros diferentes”.
Si estudiamos fielmente las Escrituras con oración y en contexto, descubriremos que la DEIDAD está en realidad compuesta de dos Dioses iguales en naturaleza divina, pero diferentes en posición: DIOS PADRE como primera persona divina, y el SEÑOR JESÚS, su Hijo literal, como segunda persona divina.
Si meditamos en las Escrituras y oramos en el Espíritu Santo diariamente, descubriremos entonces una hermosa y profunda relación Padre-Hijo entre el Dios Altísimo y su Divino Hijo Único, Jesús el Mesías.
Orando a su Padre, Jesús dijo estas palabras delante de sus discípulos:
«Oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, gracias por esconder estas cosas de los que se creen sabios e inteligentes y por revelárselas a los que son como niños. Sí, Padre, te agradó hacerlo de esa manera.
»Mi Padre me ha confiado todo. Nadie conoce verdaderamente al Hijo excepto el Padre, y nadie conoce verdaderamente al Padre excepto el Hijo y aquellos a quienes el Hijo decide revelarlo».
(Lucas 10:21-22)
Por otra parte, los maestros cristianos tradicionales enseñan ingenua y erróneamente que el Espíritu Santo es la “tercera persona” de la Deidad. Sin embargo, las Escrituras indican que el ESPÍRITU SANTO es en realidad el mismo Espíritu de Dios Padre y también de su Hijo Jesús, puesto que lo heredó de su Padre. El Espíritu Santo es, de hecho, la gloriosa sustancia espiritual del ser interior del Padre y del Hijo.
Jesús es literalmente el Hijo Divino y el Heredero de Dios Padre
Según las Escrituras, Jesús es verdadera y literalmente el Hijo Divino y el Heredero de Dios su verdadero Padre, a quien ama y sirve desde el principio de su existencia.
(Ver Salmo 2:7-12; Proverbios 30:4; Mateo 16:13-17; 17:1-8; 26:63-64; 27:42-43, 54; Marcos 1:1-3; 5:6-8; 9:2-8; 14:61-62; Lucas 1:31-35; 9:28-36; Juan 1:14; 3:14-18; 11:4, 25-27; 19:7; 20:30-31.)
Esto quedó claramente registrado en el libro de los Hechos, en las cartas de los Apóstoles dirigidas a los creyentes y en el libro del Apocalipsis, después de que Jesús subiera de regreso al Cielo, en el lugar de honor a la derecha de su Padre Celestial (Hechos 2:32-35).
(Ver Hechos 7:55-56; 9:18-20; 13:3-4; Romanos 1:1-5; 5:8-11; 8:3, 16-17, 29-34; 1Corintios 1:9; 2Corintios 1:3, 18-20; 11:31; Gálatas 1:15-16; 2:20; 4:4-7; Efesios 1:3, 17; 4:11-13; Filipenses 2:15-20; Colosenses 1:3-4, 12-14, 18-20; 1Tesalonicenses 1:9-10; Hebreos 1:1-9; 3:1-6; 4:14-16; 5:5-10; 6:4-6; 7:1-4, 20-28; 10:26-31; 2Pedro 1:16-18; 1Juan 1:1-3; 2:22-25; 3:7-8, 21-24; 4:7-16; 5:4-5, 9-13, 20; 2Juan 1:3; Apocalipsis 1:5-6; 2:18; 14:1.)
Jesús es literalmente el Mesías, el Santo Siervo y el Profeta de Dios Padre
Según las Escrituras, Jesús es verdadera y literalmente el Mesías/el Cristo/el Ungido, el Santo Siervo y el Profeta de Dios Padre. Jesús fue designado, ungido y enviado al mundo por Dios su Padre.
(Ver Salmo 2:1-6; Miqueas 5:2-4; Mateo 12:15-21; 13:57; 16:13-17; 21:10-11; Marcos 1:1-3; 14:61-62; Lucas 2:10-11; 4:23-24; 7:15-17; 13:31-33; 24:13-21; 26:63-64; Juan 4:16-26, 43-45; 6:14-15; 7:40-42; 11:25-27; 20:30-31.)
Esto quedó claramente registrado en el libro de los Hechos, en las cartas de los Apóstoles dirigidas a los creyentes y en el libro del Apocalipsis, después de que Jesús subiera de regreso al Cielo, en el lugar de honor a la derecha de su Padre Celestial (Hechos 2:32-35).
(Ver Hechos 2:36; 3:13-15, 22-23, 26; 4:23-31; 5:41-42; 7:37-38; 9:22; 17:1-4; 18:4-6, 27-28; Romanos 3:24; 1Corintios 1:4; 2Corintios 2:14; Gálatas 2:4; Efesios 1:1; 5:5; Filipenses 1:1; Colosenses 1:4, 28; 1Tesalonicenses 2:14; 1Timoteo 1:2, 12, 14-15; 2Timoteo 1:1, 9, 13; Filemón 1:6, 23; 1Juan 2:22; 5:1; Hebreos 5:4-6; Apocalipsis 1:5; 11:15; 12:10.)
El Padre es el Dios Supremo en posición y el Hijo es Dios en naturaleza divina
En Juan 1:1-3, el apóstol Juan escribe:
«En el principio ya existía la Palabra (“LOGOS”). La Palabra estaba con Dios (“TEOS”), y la Palabra era Dios (“TEOS”). En el principio Él existía con Dios. Dios creó todas las cosas por medio de Él, y nada fue creado sin Él».
Nótese que la palabra “PALABRA” es “LOGOS” en griego, y significa “un Dicho/una Palabra" y también “una Expresión Viviente/un Portavoz”. Y la palabra “DIOS” es “TEOS” en griego, y significa “el Dios Supremo en posición”; también significa “un Dios en naturaleza divina”; y también significa “un dios pagano”.
Así que Juan 1:1-3 dice en realidad que el Mesías de Dios, quien es la Expresión Viviente/el Portavoz de Dios Padre, ya existía en el principio antes de la Creación, y estaba con su Padre, quien es el Dios Supremo en posición y está por encima de todo. El Hijo mismo era también Dios en naturaleza divina como su Padre, pero inferior en posición. Jesús, el Hijo Divino, ya existía en el principio y estaba con su Padre Divino, y juntos crearon los Cielos y la Tierra.
En Colosenses 1:15-17, Pablo escribe que Jesús fue el primer y el único Ser Divino que fue engendrado/generado directamente del Padre en el principio antes de la Creación. El Mesías —la Expresión Viviente/el Portavoz de Dios— era Dios en naturaleza divina que estaba al lado de su Padre, el Dios en posición, creando el mundo juntos:
«Cristo es la imagen visible del Dios invisible. Él ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es el PRIMOGÉNITO de toda la creación porque, por medio de él, Dios creó todo lo que existe en los lugares celestiales y en la tierra. Hizo las cosas que podemos ver y las que no podemos ver, tales como tronos, reinos, gobernantes y autoridades del mundo invisible. Todo fue creado por medio de él y para él. Él ya existía antes de todas las cosas y mantiene unida toda la creación».
En Hebreos 1:1-4, el apóstol nos confirma que Dios Padre nos habla ahora a nosotros por medio de su Hijo, pues Él es la Expresión Viviente/el Portavoz de Dios, y que Dios creó el mundo mediante su Hijo. También escribe que Jesús es superior a todos los ángeles de Dios y al nombre/poder de ellos:
«Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas. Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo. Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creó el universo.
»El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo. Esto demuestra que el Hijo es muy superior a los ángeles, así como el nombre que Dios le dio es superior al nombre de ellos».
(Ver Juan 3:31-35; 17:1-5; 1Pedro 1:23; 2Pedro 3:5; 1Juan 1:1-4; 1Corintios 8:6.)
Paralelamente, en Éxodo 4:13-17, Moisés suplicó a Dios que escogiera a alguien más para ser el representante de Dios porque él no tenía facilidad de palabra. Pero Dios le dijo que su hermano Aarón iba a ser su vocero y portavoz, y que él, Moisés, iba a tomar el lugar de Dios delante de él.
Este pasaje de Éxodo es una buena imagen e ilustración que nos ayuda a entender mejor la relación entre Dios Padre y su Hijo Jesús. Jesús es en definitiva el Vocero y Portavoz de Dios su Padre, de la misma manera que Aarón era el vocero y portavoz de su hermano Moisés.
«Aarón será tu vocero ante el pueblo. Él será tu portavoz, y tú tomarás el lugar de Dios ante él al decirle lo que tiene que hablar. Lleva contigo tu vara de pastor y úsala para realizar las señales milagrosas que te mostré».
(Éxodo 4:16-17)
Jesús dijo, en Juan 10:34-38, que Él era de hecho el “Hijo de Dios”; y a raíz de ello, los líderes religiosos le acusaron de hacerse igual a Dios su Padre en naturaleza divina. Y Él respondió diciendo que las Escrituras (en el Salmo 82) precisamente cuentan que Dios en posición estaba una vez exhortando a ciertos ángeles, a quienes también llamó “Dioses” en naturaleza divina e “hijos del Altísimo”.
Jesús es la Luz del Dios Supremo lleno de Gloria
Jesús es la LUZ que procede del Padre de las Luces, el Dios Supremo, el cual está rodeado de una inmensa GLORIA eterna.
Jesús es la Luz —el Día— que el Padre proveyó y designó para destruir la Oscuridad —la Noche (el reino del diablo). Jesús, el Hijo Divino, fue enviado al mundo por el Padre para iluminar nuestros corazones y para proclamar la Verdad del Padre.
«Pues Dios, quien dijo: «Que haya luz en la oscuridad», hizo que esta Luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo».
(2 Corintios 4:6)
«Debido a esa experiencia, ahora confiamos aún más en el mensaje que proclamaron los profetas. Ustedes deben prestar mucha atención a lo que ellos escribieron, porque sus palabras son como una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que el Día amanezca y Cristo, la Estrella de la Mañana, brille en el corazón de ustedes».
(2 Pedro 1:19)
Dios, por su propia voluntad, nos hizo nacer de nuevo por medio de la Palabra Viviente de Verdad que nos dio —su propio Hijo Jesús—, para que, de toda la creación, nosotros llegásemos a ser su más valiosa posesión (Santiago 1:17-18).
(Ver Génesis 1:3-5; Salmo 118:22-24; Juan 1:4-9, 14, 18; 3:16-21; 8:12; 9:4-5; 11:9-10; 12:35-36, 46; 17:1-5; Efesios 1:17; 1Tesalonicenses 5:1-11; 1Timoteo 6:15-16; 1Juan 3:8; Apocalipsis 21:22-23.)
Dios Padre siempre ha existido, pero Jesús tuvo un principio de existencia
Dios Padre es el Dios Eterno y existe desde siempre (Génesis 21:33; 33:27; Salmo 45:6; Isaías 40:28; Jeremías 10:10; Romanos 16:25-27).
Su Divino Hijo Jesús, el cual es su Portavoz, es también Eterno desde que fue engendrado/generado por Dios su Padre literal en algún momento en la eternidad. O sea que Dios Padre no tiene origen, pero Jesús sí lo tuvo en algún momento antes de la Creación. Dios lo engendró/generó para que juntos pudieran crear este mundo en el que vivimos.
En Proverbios 8:22-31, la Palabra de Dios dice:
«El SEÑOR me FORMÓ desde el comienzo, antes de crear cualquier otra cosa. Fui nombrado desde la eternidad, en el principio mismo, antes de que existiera la tierra. Nací antes de que los océanos fueran creados, antes de que brotara agua de los manantiales. Antes de que se formaran las montañas, antes que las colinas, yo nací, antes de que el SEÑOR hiciera la tierra y los campos y los primeros puñados de tierra.
»Estaba presente cuando él estableció los cielos, cuando trazó el horizonte sobre los océanos. Estaba ahí cuando colocó las nubes arriba, cuando estableció los manantiales en lo profundo de la tierra. Estaba ahí cuando puso límites a los mares, para que no se extendieran más allá de sus márgenes. Y también cuando demarcó los cimientos de la tierra, era el ARQUITECTO a su lado. Yo era su constante deleite, y me alegraba siempre en su presencia. ¡Qué feliz me puse con el mundo que él creó; cuánto me alegré con la familia humana»!
Nótese que en este pasaje aparece la Sabiduría, a quien el Señor Dios formó desde el comienzo antes de la creación de los Cielos y la Tierra. Dice además que la Sabiduría era el Arquitecto creando todo al lado de Dios.
¿Quién es esta Sabiduría? Si leemos 1 Corintios 1:24 y 30, vemos que Jesús es en efecto la Sabiduría y el Poder de Dios Padre:
«Sin embargo, para los que Dios llamó a la salvación, tanto judíos como gentiles, Cristo es el PODER de Dios y la SABIDURÍA de Dios.
»Dios los ha unido a ustedes con Cristo Jesús. Dios hizo que él fuera la SABIDURÍA misma para nuestro beneficio. Cristo nos hizo justos ante Dios; nos hizo puros y santos y nos liberó del pecado».
Jesús —la Palabra Viviente— es, de hecho, Aquel a quien Dios Padre designó desde el principio para pronunciar sus sabias palabras y realizar sus obras poderosas.
Jesús es gloriosamente Divino porque surgió directamente de Dios su glorioso Padre
En una ocasión, algunos de los que vivían en Jerusalén cuestionaban acerca de Jesús si Él era verdaderamente el Mesías, pues sabían de dónde provenía. Pero Él afirmó que no estaba ahí por su propia cuenta, pues conocía muy bien a Dios su Padre quien le había enviado, porque PROVENÍA DE Él —dando a entender que había surgido directamente de Dios Padre y que por tanto era también Divino (Juan 7:25-29).
Jesús declaró en oración su deseo de volver al Padre, el Único Dios Verdadero, para compartir la misma gloria divina que había tenido con Él antes de que comenzara el mundo, pues había surgido directamente de Dios su Padre (Juan 17:1-5):
«Yo te di la gloria [Padre] aquí en la tierra, al terminar la obra que me encargaste. Ahora, Padre, llévame a la gloria que compartíamos antes de que comenzara el mundo».
(Juan 17:4-5)
Jesús dijo demás orando que sus discípulos habían creído el mensaje que les había declarado de que Él provenía directamente del seno de su Padre y que Éste le había enviado al mundo:
«Te he dado a conocer [Padre] a los que me diste de este mundo. Siempre fueron tuyos. Tú me los diste, y ellos han obedecido tu palabra. Ahora saben que todo lo que tengo es un regalo que proviene de ti, porque les he transmitido el mensaje que me diste. Ellos aceptaron el mensaje y saben que provine de ti y han creído que tú me enviaste».
(Juan 17:6-8)
Dios engendró/generó (en algún momento de la eternidad antes de la creación del mundo) a su Hijo Jesús, adquiriendo por tanto la misma naturaleza gloriosa y divina de su Padre Celestial.
(Ver Génesis 1:3-5; Juan 1:1-3; Proverbios 30:4; Colosenses 1:15-17; Hebreos 1:10-12.)
Como Jesús provenía de Dios su Padre, en cierta manera Él es también Eterno como su Padre porque su simiente ya estaba activa dentro del Espíritu del Padre Eterno, hasta el momento que fue engendrado/generado por Dios para que fuera su Hijo Divino.
Podemos ver una similitud de ello en las Escrituras cuando dice en Hebreos 7:1-10 que en cierta manera Leví entregó también el diezmo a Melquisedec porque su simiente estaba ya dentro de su padre Abraham cuando éste entregó el diezmo de los despojos de la batalla a Melquisedec, el Sacerdote del Dios Altísimo.
Dios Padre es el origen de Jesús, y el hombre es el origen de la mujer
Jesús es el único Hijo engendrado/generado de Dios Padre, y por tanto es también Dios en naturaleza divina porque PROVIENE directamente de su Padre Divino.
Jesús mismo dijo en varias ocasiones que Él PROCEDÍA de Dios, quien era en realidad su propio Padre, haciéndose así igual a Dios en naturaleza divina como su Padre. Es decir, Jesús había heredado la misma autoridad y poder de su propio Padre Celestial (Juan 13:3).
(Ver Juan 5:17-18; 7:29; 8:42; 16:27; 17:6-8.)
El PADRE y el HIJO crearon al hombre a la imagen y semejanza de Ellos: HOMBRE y MUJER los crearon. Y de la misma manera que Jesús era Divino como el Padre porque PROVIENE directamente de su Padre, también la mujer era humana como el hombre porque ella PROVIENE directamente de su esposo.
Por eso mismo dicen las Escrituras que el hombre es la cabeza u origen de su mujer, y Dios Padre es la cabeza u origen de su Hijo Jesús. En otras palabras, la mujer es la esposa y servidora de su marido, y Jesús es el Hijo y Servidor de su Padre.
(Ver Génesis 1:26-27; 2:18-24; 1Corintios 11:3, 7-10.)
De la misma manera que la mujer es humana en naturaleza terrenal porque procede directamente de la costilla del hombre, el cual es también humano, así también Jesús es Dios en naturaleza divina porque procede directamente del seno del Padre, el Dios Supremo (Juan 1:18).
Concluimos, pues, que como el hombre y la mujer son dos humanos en naturaleza terrenal —pero a la vez uno en la unidad que les envuelve el Espíritu Divino—, así también el Padre y el Hijo son dos Dioses iguales en naturaleza divina —pero a la vez Uno en la unidad que les envuelve el Espíritu Divino (Juan 17:20-26).
El Padre es la Fuente Invisible y Jesús es el Canal Visible
Dios el Padre es el Dios Supremo en posición—el Señor Soberano, Rey Eterno, Invisible e Inmortal—que está por encima de todo y es la FUENTE Invisible de toda existencia, incluyendo la de Jesús, su único Hijo Divino engendrado.
(Ver Mateo 11:25; Lucas 10:21; Hechos 4:24; Efesios 3:14-15; 1Timoteo 1:17; 6:15-16.)
Jesús es el CANAL y el FILTRO Visible que expresa el carácter mismo de Dios Padre. Él es la Imagen Visible de un Dios Invisible que ningún ser humano ha visto jamás (excepto Jesús mismo), que nunca ha muerto y que resucitó a Jesús de los muertos
(Ver Juan 1:18; 3:31-35; 5:37; 6:45-46; 8:38; Hechos 2:32; 4:10; 2Corintios 4:3-6; Colosenses 1:15; Hebreos 1:1-5; 1Juan 4:12.)
Dios Padre envió a su Único Hijo Divino al mundo para salvarnos
Hace 2000 años y por amor a nosotros, Dios envió a su Único Hijo Divino al mundo como sacrificio para que quitara nuestros pecados y pudiéramos tener vida eterna por medio de Él.
«Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él». (Juan 3:16-17)
«Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados». (1 Juan 4:9-10)
(Ver Juan 6:32-33, 38, 40; 1Corintios 15:45, 47.)
El Único Hijo Divino de Dios se hizo Ser Humano para poder redimirnos
Jesús, el Único Hijo Divino de Dios, se ofreció a dejar el Cielo y sus privilegios divinos para hacerse Ser Humano como nosotros, nacido de mujer, para poder cumplir su misión redentora (Romanos 8:3; Gálatas 4:4-5).
«Entonces la Palabra [Viviente] (Dios en naturaleza divina) se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de amor inagotable y fidelidad. Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre». (Juan 1:14)
«Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. Aunque era Dios [en naturaleza divina], no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, se humilló a sí mismo en obediencia a Dios [Padre] y murió en una cruz como morían los criminales». (Filipenses 2:5-8)
«Sin duda alguna, el gran misterio de nuestra fe es el siguiente: Cristo (Dios en naturaleza divina) fue revelado en un cuerpo humano y vindicado por el Espíritu. Fue visto por ángeles y anunciado a las naciones. Fue creído en todo el mundo y llevado al cielo en gloria». (1 Timoteo 3:16)
«Debido a que los hijos de Dios son seres humanos —hechos de carne y sangre— el Hijo (Dios en naturaleza divina) también se hizo de carne y sangre. Pues solo como ser humano podía morir y solo mediante la muerte podía quebrantar el poder del diablo, quien tenía el poder sobre la muerte. Únicamente de esa manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte». (Hebreos 2:14-15)
Jesús dijo que Él era también el Hijo del Hombre
Jesús dijo que su Padre —el Dios Supremo— es Espíritu, es decir un Ser Espiritual Divino, y que por eso hay que adorarlo en espíritu y en verdad, y en todo momento y lugar (Juan 4:23-24).
Sin embargo, Jesús mismo dijo en repetidas ocasiones que Él no era solo el Hijo Divino de Dios, sino también el HIJO del HOMBRE —es decir, Ser Humano— que vendrá al final de los tiempos con su cuerpo humano glorificado para juzgar y restaurar el mundo entero (Mateo 26:64; Marcos 14:62; Lucas 22:69).
(Ver Mateo 8:20; 9:6; 10:23; 11:19; 12:8, 32, 40; 13:41; 16:13, 27-28; 17:9, 12, 22; 18:11; 19:28; 20:18, 28; 24:27, 30, 37, 39, 44; 25:13, 31; 26:2, 24, 45, 64.)
De hecho Jesús estaba citando en Mateo 26:64 lo que el profeta Daniel había visto en visión acerca de un Hijo del Hombre (el Mesías) acercándose y recibiendo autoridad del Anciano (Dios Padre):
«Mientras continuó mi visión esa noche, vi a alguien parecido a un Hijo de Hombre descender con las nubes del cielo. Se acercó al Anciano y lo llevaron ante su presencia. Se le dio autoridad, honra y soberanía sobre todas las naciones del mundo, para que lo obedecieran los de toda raza, nación y lengua. Su gobierno es eterno, no tendrá fin. Su reino jamás será destruido».
(Daniel 7:13-14)
Después de su muerte, el cuerpo de Jesús fue vivificado y glorificado por el poder del Espíritu de su Padre (Romanos 8:11). Y Dios exaltó a Jesús por su fiel obediencia y gran sacrificio haciéndole Señor de todo (Filipenses 2:5-11). Así que actualmente Jesús es el HIJO de DIOS como Ser Divino poderoso, pero es también el HIJO del HOMBRE como Ser Humano glorificado (Hechos 7:56; 17:30-31; Romanos 5:15; 1Corintios 15:45-47; 1Timoteo 2:5).
Jesús fue enviado por Dios Padre para hacer su voluntad y terminar su obra
Según las Escrituras, Jesús se ofreció a ser enviado al mundo por Dios su Padre para cumplir su voluntad de morir para quitar nuestros pecados y recibir la vida eterna.
«Por eso, cuando Cristo vino al mundo, le dijo a Dios [Padre]: "No quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado. Pero me has dado un cuerpo para ofrecer. No te agradaron las ofrendas quemadas ni otras ofrendas por el pecado. Luego dije: 'Aquí estoy, oh Dios; he venido a hacer tu voluntad como está escrito acerca de mí en las Escrituras'"». (Hebreos 10:5-7)
Jesús —el Hijo Divino y Humano— dijo en varias ocasiones que fue ENVIADO por su Padre al mundo para proclamar su Verdad, y también para sufrir y entregar su vida por nosotros, a fin de salvarnos de la naturaleza pecaminosa que todos heredamos (a causa de la desobediencia y caída del primer hombre), y también de la consecuente maldición del pecado.
(Ver Juan 3:16-17, 34; 4:34-38; 5:23-24, 30, 37-38; 6:37-40, 44, 57; 7:15-18, 28-29, 33; 8:16, 18, 26, 28-29, 42; 9:4; 10:36; 12:44-45, 49; 13:20; 14:24; 16:5; 20:21.)
En una ocasión, Jesús dijo a la multitud que Él era el Pan de Vida que Dios Padre había enviado del Cielo para darnos vida eterna (Juan 6:35-40). También dijo que su Padre era más grande que Él, porque el enviado no es superior al que lo envía (Juan 10:27-29; 13:16; 14:28).
Jesús dijo también que solo su Padre —quien es más grande y poderoso que Él— es el que decide quién estará a la derecha y a la izquierda de Jesús en el trono. También dijo que Él no sabía nada, sino que solo su Padre sabe el día y la hora que Él va a regresar en la autoridad de su Dios y Padre (Mateo 20:23; Marcos 13:11-32).
Jesús dijo una vez a la multitud que estaría un poco más de tiempo con ellos, y que luego volvería al que lo envió (Dios Padre) (Juan 7:33-34). Justo antes de ser entregado y martirizado, Jesús oró a su Padre Celestial diciendo que Él le había dado la gloria aquí en la Tierra, al terminar la obra que le encargó; y le pidió que le llevara a la gloria que había compartido con Él (Dios Padre) antes de que comenzara el mundo (Juan 17:4-5).
El Padre estaba con Jesús en la Tierra a través de su propio Espíritu Santo
Jesús en la Tierra tenía la naturaleza sin pecado de Dios Padre al nacer, y después recibió la plenitud del Espíritu del Padre sobre Él en el bautismo. La presencia de Dios estaba desde entonces con Jesús para que pudiera obrar milagros y anunciara la Buena Noticia del Reino Celestial y de Salvación, y para que diera su vida por todos nosotros.
El apóstol Pedro hizo mención de ello en Hechos 2:22 y en Hechos 10:38:
«Pueblo de Israel, ¡escucha! Dios [Padre] públicamente aprobó a Jesús de Nazaret al hacer milagros poderosos, maravillas y señales por medio de él, como ustedes bien saben».
«Y ustedes saben que Dios [Padre] ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder. Después Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
(Ver Mateo 12:18; Lucas 1:35; 3:21-22; 4:14-20; Juan 14:8-21; 17:20-26; Colosenses 1:19-22.)
¿Quién o qué es en realidad el Espíritu Santo?
En 1 Corintios 2:10-12, el apóstol Pablo escribe que el Espíritu Santo es en realidad la presencia espiritual misma de Dios Padre:
«Pero fue a nosotros a quienes Dios [el Padre] reveló esas cosas por medio de su Espíritu. Pues su Espíritu investiga todo a fondo y nos muestra los secretos profundos de Dios.
»Nadie puede conocer los pensamientos de una persona excepto el propio espíritu de esa persona y nadie puede conocer los pensamientos de Dios excepto el propio Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios (no el espíritu del mundo), de manera que podemos conocer las cosas maravillosas que Dios nos ha regalado».
En 2 Corintios 3:16-18, Pablo escribe que el Espíritu Santo es la presencia espiritual misma de Jesús:
«En cambio, cuando alguien se vuelve al Señor [Jesús], el velo es quitado. Pues el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen».
En Gálatas 4:4-6, Pablo escribe que el Espíritu Santo es la presencia espiritual misma de Jesús:
«Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la ley. Dios lo envió para que comprara la libertad de los que éramos esclavos de la ley, a fin de poder adoptarnos como sus propios hijos; y debido a que somos sus hijos, Dios envió al Espíritu de su Hijo a nuestro corazón, el cual nos impulsa a exclamar «Abba, Padre»».
En Hechos 16:6-8, leemos que el Espíritu Santo es la presencia espiritual misma de Jesús:
«Luego, Pablo y Silas viajaron por la región de Frigia y Galacia, porque el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia en ese tiempo. Luego, al llegar a los límites con Misia, se dirigieron al norte, hacia la provincia de Bitinia, pero de nuevo el Espíritu de Jesús no les permitió ir allí. Así que siguieron su viaje por Misia hasta el puerto de Troas».
El Espíritu Santo es la gloria, la presencia y el poder de Dios
De hecho, el Espíritu Santo divino, que es además séptuple, es en sí la gloria divina, la santa presencia y el milagroso poder de Dios Padre y también de Jesús, pues lo heredó de su Padre. Es la gloriosa sustancia espiritual del ser interior de Dios Padre y de Jesús su divino Hijo. Es el mismo Espíritu del Padre que levantó a Jesús de los muertos y que también fue enviado por toda la Tierra y se vertió sobre nosotros, los creyentes nacidos de nuevo.
«(Jesús:) No te pido solo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mí por el mensaje de ellos. Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
»Les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo estoy en ellos, y tú estás en mí. Que gocen de una unidad tan perfecta que el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas tanto como me amas a mí. Padre, quiero que los que me diste estén conmigo donde yo estoy. Entonces podrán ver toda la gloria que me diste, porque me amaste aun antes de que comenzara el mundo».
(Juan 17:20-24)
«Y saben que Dios [Padre] ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder. Después Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
(Hechos de los Apóstoles 10:38)
(Ver Génesis 1:1-2; Isaías 11:1-2; Mateo 10:19-20; Marcos 13:11; Lucas 1:34-35; 4:16-21; Juan 4:23-24; 14:16-21; 20:19-22; Hechos 1:8; 2:16-21, 32-33, 38-39; 8:36-39; 10:36-38; 11:20-21; 16:6-8; Romanos 8:9-17; 1Corintios 1:24; 2:10-12; 5:3-4; 2Corintios 1:21-22; 3:3, 16-18; Gálatas 4:4-7; Efesios 1:3-14; Filipenses 1:18-19; 1Tesalonicenses 4:7-8; 1Juan 3:24; Apocalipsis 4:5; 5:6.)
El Espíritu Santo es el agua viva y la unción/aceite de alegría que Dios nos derrama
El Divino Espíritu Santo es el agua viva y la unción/aceite de alegría que Dios derrama sobre nosotros, a través del cual Dios y Jesús nos hablan y nos fortalecen, nos enseñan y nos revelan la verdad de la Palabra Divina, nos guían y nos muestran lo que debemos decir y hacer —e incluso lo que sucederá—, nos llenan de su Amor y nos dan poder para hacer sanidades, milagros y maravillas, y para predicar la Palabra de Dios con valentía.
«El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”». (Con la expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en él; pero el Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús todavía no había entrado en su gloria)».
(Juan 7:37-39)
«(Jesús:) Cuando yo vuelva a la vida, ustedes sabrán que estoy en mi Padre y que ustedes están en mí, y yo, en ustedes [por medio del Espíritu Santo]. Los que aceptan mis mandamientos y los obedecen son los que me aman. Y, porque me aman a mí, mi Padre los amará a ellos. Y yo los amaré y me daré a conocer a cada uno de ellos.
»Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos.»
(Juan 14:20-21, 23)
«Cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad. Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que ha oído y les contará lo que sucederá en el futuro. Me glorificará porque les contará todo lo que reciba de mí. Todo lo que pertenece al Padre es mío; por eso dije: “El Espíritu les dirá todo lo que reciba de mí”».
(Juan 16:13-15)
«En los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus jóvenes tendrán visiones, y sus ancianos tendrán sueños. En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre mis siervos —hombres y mujeres por igual— y profetizarán».
(Hechos de los Apóstoles 2:17-18)
«(Pedro el apóstol:) Dios levantó a Jesús de los muertos y de esto todos nosotros somos testigos. Ahora él ha sido exaltado al lugar de más alto honor en el cielo, a la derecha de Dios. Y el Padre, según lo había prometido, le dio el Espíritu Santo para que lo derramara sobre nosotros, tal como ustedes lo ven y lo oyen hoy».
(Hechos de los Apóstoles 2:32-33)
«Un profundo temor reverente vino sobre todos ellos, y los apóstoles realizaban muchas señales milagrosas y maravillas [por medio de la unción, el Espíritu Santo, que habían recibido de lo alto]».
(Hechos de los Apóstoles 2:43)
«Después de esta oración, el lugar donde estaban reunidos tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo. Y [los discípulos] predicaban con valentía la palabra de Dios».
(Hechos de los Apóstoles 4:31)
«(Dios hablando a su Hijo:) Amas la justicia y odias la maldad. Por eso, oh Dios, tu Dios te ha ungido derramando el aceite de alegría sobre ti más que sobre cualquier otro».
(Hebreos 1:9)
«(Juan el apóstol:) Pero ustedes no son así, porque el Santo (el Mesías) les ha dado su unción, su Espíritu, y todos ustedes conocen la verdad.
»Ustedes han recibido la unción santa, el Espíritu Santo, y él vive dentro de cada uno de ustedes, así que no necesitan que nadie les enseñe lo que es la verdad. Pues la unción, el Espíritu, les enseña todo lo que necesitan saber, y lo que él enseña es verdad, no mentira. Así que, tal como él les ha enseñado, permanezcan en comunión con Cristo (el Mesías)».
(1 Juan 2:20, 27)
(Ver Mateo 10:19-20; Marcos 13:11; 16:17-20; 14:12, 15-26; Hechos 2:1-41; 4:29-31; 8:26-29; 16:6-10; Romanos 5:5; 1Corintios 14:1-4; 1Juan 2:18-27; 4:13; Judas 1:20-21.)
La relación de Jesús y sus discípulos con el Espíritu Santo
Debemos notar que Jesús y sus discípulos nunca adoraron ni pidieron nada al Espíritu Santo en oración, sino sólo al Padre y Dios Supremo (Mateo 6:7-15; Juan 4:23-24; 16:23-24; capítulo 17; Hechos 4:23-31; Efesios 5:15-20; Filipenses 3:3; Colosenses 3:16-17).
¿Por qué Jesús y sus discípulos no adoraron ni pidieron nada al Espíritu Santo en oración? Porque el Espíritu Santo simplemente no es otra persona divina, sino la esencia misma de la parte espiritual interior de Dios y de Jesús, que fue derramada sobre todos sus seguidores (Hechos 2:1-18; 1Corintios 2:10-12).
Jesús dijo a sus discípulos que el Espíritu Santo que Él les enviaría no hablaría por sí mismo, sino que hablaría solo lo que Jesús mismo dijera, pues Jesús transmite las Palabras de Dios su Padre (Juan 16:13-15).
El Padre y Jesús eran Uno en unidad del Espíritu, y trabajaban siempre juntos para proclamar la verdad acerca del Reino Celestial y para mostrar las obras milagrosas. De hecho, Jesús dijo que Él hablaba y hacía los milagros en nombre de su Padre Celestial, y que sin Él no podía hacer nada. Así que, Dios Padre estaba constantemente con Jesús, mediante su propio Espíritu Divino, proclamando el mensaje del Reino y mostrando las obras milagrosas (Juan 3:31-35; 5:17-20, 43-44; 7:16-18; 8:27-29; 10:25-26, 30-38; 12:49-50).
Los religiosos fariseos acusaron una vez a Jesús que el testimonio de que Él era la Luz del mundo y que había sido enviado por Dios Padre, venía solo de Él y por tanto no era válido. Pero Él les respondió que su testimonio sí era válido, porque Él no estaba solo sino que el Padre estaba con Él, por medio del Espíritu de su Padre en Él. Dijo que la Ley establece que, si dos personas concuerdan en algo, su testimonio se acepta como un hecho. Siguió diciendo que Él era uno de los testigos, y que su Padre Celestial quien le envió era el otro (Juan 8:12-19).
Jesús dijo también que de la misma manera que Él estaba en el Padre y el Padre en Él, nosotros también íbamos a estar en Él y Él en nosotros, para que todos seamos Uno en la unidad que trae el Espíritu Santo de Dios (Juan 14:6-26; 17:20-26).
Dios Padre también dio testimonio al menos en un par de ocasiones, en voz alta y desde el Cielo a la multitud y a los discípulos, de que Jesús era su Hijo muy Amado que le trae gran gozo.
(Ver Mateo 3:16-17; 17:5-6; 2Pedro 1:16-18 ; 1Juan 5:9-12)
Saludos de Pablo en el nombre de Dios Padre y del Señor Jesús
¿Por qué el apóstol Pablo no reconoce ni menciona al Espíritu Santo en cada uno de sus saludos en sus cartas a los hermanos y hermanas en la fe? Como por ejemplo en Filipenses 1:2 :
«Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les den gracia y paz».
¿Y por qué en 1 Timoteo 5:21 Pablo sólo reconoce y menciona a Dios y a Jesús, y luego en lugar de reconocer al Espíritu Santo menciona a los ángeles altísimos?
«Te ordeno solemnemente, en presencia de Dios y de Cristo Jesús y de los ángeles altísimos, que obedezcas estas instrucciones sin tomar partido ni mostrar favoritismo por nadie».
¿Y por qué nuevamente en 2 Timoteo 4:1 Pablo sólo menciona a Dios y a Jesús?
«En presencia de Dios y de Cristo Jesús —quien un día juzgará a los vivos y a los muertos cuando venga para establecer su reino— te pido encarecidamente...».
La respuesta lógica es que el Espíritu Santo no es otra persona divina, sino el mismo Espíritu de Dios Padre y de Jesús el Mesías. Jesús lo recibió del Padre, así como nosotros lo hemos recibido también.
Jesús es el Camino para poder tener acceso a Dios Padre
Jesús dijo abiertamente a sus discípulos que Él era el Camino para que pudiéramos tener acceso y tener íntima relación con Dios su Padre, después de resucitar y enviarnos su Espíritu:
«En el hogar de mi Padre, hay lugar más que suficiente. Si no fuera así, ¿acaso les habría dicho que voy a prepararles un lugar? Cuando todo esté listo, volveré para llevarlos, para que siempre estén conmigo donde yo estoy. Y ustedes conocen el camino que lleva adonde voy.
»—No, Señor, no lo conocemos —dijo Tomás—. No tenemos ni idea de adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?
»Jesús le contestó: —Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí».
(Juan 14:2-6)
«Ese día, no necesitarán pedirme nada. Les digo la verdad, le pedirán directamente al Padre, y él les concederá la petición, porque piden en mi nombre. No lo han hecho antes. Pidan en mi nombre y recibirán y tendrán alegría en abundancia.
»Ese día pedirán en mi nombre. No digo que pediré al Padre de parte de ustedes, ya que el Padre mismo los ama profundamente, porque ustedes me aman a mí y han creído que vine de Dios».
(Juan 16:23-24, 26-27)
Después de que los discípulos de Jesús recibieron el Espíritu Santo justo después de su resurrección, los discípulos evangelizaban diciendo que Jesús el Mesías es el Camino que nos lleva a Dios Padre:
«Por ese tiempo, se generó un grave problema en Éfeso con respecto al Camino (Jesús)».
(Hechos de los Apóstoles 19:23)
«(El apóstol Pablo:) Perseguí a los seguidores del Camino (Jesús), acosando a algunos hasta la muerte, y arresté tanto a hombres como a mujeres para arrojarlos en la cárcel».
(Hechos de los Apóstoles 22:4)
«(Pablo:) Pero admito que soy seguidor del Camino (Jesús), al cual ellos llaman secta. Adoro al Dios de nuestros antepasados y firmemente creo en la ley judía y en todo lo que escribieron los profetas».
(Hechos de los Apóstoles 24:14)
Dios Padre levantó a su Hijo Jesús de los muertos
Como hemos visto anteriormente, Jesús se ofreció a venir al mundo para cumplir la voluntad de su Padre (Hebreos 10:5-7).
Jesús vivió una vida de entrega total como humano hasta el punto de llegar a morir en la cruz y ser enterrado, para así romper el poder del pecado sobre nosotros y liberarnos del temor a la muerte, a fin de que podamos ser reconciliados con su Padre (Hebreos 2:5-18).
Después de sufrir y morir, el Hijo de Dios y del Hombre fue levantado de los muertos al tercer día por el Espíritu mismo de su Padre (Hebreos 5:7-10).
«Dios sabía lo que iba a suceder y su plan predeterminado se llevó a cabo cuando Jesús fue traicionado. Con la ayuda de gentiles sin ley, ustedes [los judíos] lo clavaron en la cruz y lo mataron; pero Dios lo liberó de los terrores de la muerte y lo volvió a la vida, pues la muerte no pudo retenerlo bajo su dominio.
»Dios levantó a Jesús de los muertos y de esto todos nosotros somos testigos».
(Hechos de los Apóstoles 2:23-24, 32)
«El Espíritu de Dios, quien levantó a Jesús de los muertos, vive en ustedes; y así como Dios levantó a Cristo Jesús de los muertos, él dará vida a sus cuerpos mortales mediante el mismo Espíritu, quien vive en ustedes».
(Romanos 8:11)
«Yo les transmití a ustedes lo más importante y lo que se me había transmitido a mí también. Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras. Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos, tal como dicen las Escrituras».
(1 Corintios 15:3-4)
(Ver Hechos 2:22-32; 3:14-15; 4:10; 5:30; 10:39-42; 13:29-37; Romanos 4:23-25; 8:34; 2Corintios 4:14; Gálatas 1:1; Hebreos 13:12, 20; 1Pedro 1:3; 3:21.)
Dios Padre sentó a Jesús a su derecha en su trono y le dio autoridad por encima de todo
Debido al gran sacrificio y sufrimiento que padeció Jesús en la cruz para salvarnos del pecado y la condenación, Dios Padre lo elevó y lo hizo sentar en el lugar máximo de honor, a su derecha en su trono, y le dio AUTORIDAD por encima de todo nombre que existe en el Cielo y en la Tierra:
«[Después de resucitar,] Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra”».
(Mateo 28:18)
«Ahora él (Jesús) ha sido exaltado al lugar de más alto honor en el cielo, a la derecha de Dios. Y el Padre, según lo había prometido, le dio el Espíritu Santo para que lo derramara sobre nosotros, tal como ustedes lo ven y lo oyen hoy.
»Pues David nunca ascendió al cielo; sin embargo, dijo: “El Señor le dijo a mi Señor: ‘Siéntate en el lugar de honor a mi derecha, hasta que humille a tus enemigos y los ponga por debajo de tus pies’”».
(Hechos de los Apóstoles 2:33-35)
«Por lo tanto, Dios elevó a Jesús al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre».
(Filipenses 2:9-11)
«[Jesús:] Todos los que salgan vencedores se sentarán conmigo en mi trono, tal como yo salí vencedor y me senté con mi Padre en su trono».
(Apocalipsis 3:21)
(Ver Salmo 110:1; Daniel 7:9-10, 13-14; Mateo 26:63-64; Marcos 12:35-36; 14:61-62; Hechos 5:31; Romanos 8:34; 1Corintios 1:24; Efesios 1:19-23; Colosenses 2:9-10; 3:1; Hebreos 1:1-4; 2:9-10; 8:1-2; 10:11-14; 12:1-4; 1Pedro 3:22.)
En Hechos 5:54-56, Esteban —el discípulo de Jesús y diácono de la iglesia que estaba lleno de fe y del Espíritu Santo— dio testimonio públicamente, justo antes morir como mártir, que los cielos se habían abierto y que por tanto podía ver a Dios Padre y a su Hijo Jesús en el lugar de honor, justo a la derecha de Dios:
«Los líderes judíos se enfurecieron por la acusación de Esteban y con rabia le mostraban los puños; pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, y vio la gloria de Dios [Padre] y vio a Jesús de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Y les dijo: ‘¡Miren, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios!’».
Dios Padre hizo sentar a Jesús en el lugar de máximo honor, a su derecha, en su trono, y le dio la autoridad para ser Señor, Rey y Dios Poderoso sobre todo nombre/poder, hasta que el Padre humille a todos sus enemigos y los ponga por debajo de los pies de su Hijo (Salmo 110:1; 1Corintios 15:24-28).
(Ver Salmos 2, 45 y 72; Isaías 9:6; Juan 20:26-29; Hechos 2:33-36; 10:36; 1Corintios 12:3; 2Corintios 4:5; Filipenses 2:9-11; Hebreos 1:1-4, 8-9; 2Pedro 1:1; Apocalipsis 2:26-28; 20:4-6.)
Dios le dio a Jesús la autoridad como Juez para dar vida y juzgar a todo ser humano
Dios Padre quien es el JUEZ de todos (Hebreos 12:23) le dio a Jesús, su Hijo Divino y Humano, la autoridad de dar vida a los muertos y también de juzgar, para que Él sea también honrado por todos así como todos honran a Dios Padre.
De hecho, Jesús es el JUEZ que Dios ha designado para resucitar y juzgar, en el dia del juicio final, a los vivos y a los muertos en nombre de su Padre:
«(Jesús:) Y les aseguro que se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los muertos oirán mi voz, la voz del Hijo de Dios, y los que escuchen, vivirán. El Padre tiene vida en sí mismo y le ha entregado a su Hijo ese mismo poder de dar vida. Y le ha dado autoridad para juzgar a todos, porque es el Hijo del Hombre.
»¡No se sorprendan tanto! Ciertamente, ya se acerca el tiempo en que todos los que están en las tumbas oirán la voz del Hijo de Dios y resucitarán. Los que hicieron el bien resucitarán para gozar de la vida eterna, y los que continuaron en su maldad resucitarán para sufrir el juicio».
(Juan 5:25-29)
«Y él (Jesús) nos ordenó [a nosotros sus discípulos] que predicáramos en todas partes y diéramos testimonio de que Jesús es a quien Dios designó para ser el juez de todos, de los que están vivos y de los muertos».
(Hechos de los Apóstoles 10:42)
(Ver Mateo 16:27; Marcos 8:38; Lucas 9:26; Juan 5:19-30; Hechos 17:30-31; 2Corintios 5:10; 2Timoteo 4:1, 8; Santiago 5:8-9; 1Pedro 4:4-5; Apocalipsis 2:11, 26-29; 3:5; 11:15-18; 20:11-15.)
Tanto el Padre como su Hijo son «Señor de señores y Rey de reyes»
En Mateo 11:25 y Lucas 10:21, Jesús oró a su Padre y le llamó «Señor y Dueño del Cielo y de la Tierra».
En Hechos 4:24-30, después que los apóstoles Pedro y Juan quedaron libres del interrogatorio con los líderes judíos, se reunieron entonces con el resto de los creyentes y oraron directamente a Dios Padre llamándole «Señor Soberano, Creador del Cielo y de la Tierra».
Y en 1 Timoteo 6:13-16, el apóstol Pablo escribe que Dios Padre es «Señor de todos los señores y Rey de todos los reyes».
En varios Salmos podemos leer que el SEÑOR, Dios Padre, es también el gran Rey lleno de gloria de toda la Tierra.
(Ver Salmo 5:2; 10:16; 24:7-10; 44:4; 47.)
Debido a la obediencia total y al gran sufrimiento que Jesús padeció, el Padre lo hizo Señor, Rey y Heredero de todas las cosas. Precisamente en Apocalipsis 17:13-14 y 19:15-16 leemos que Jesús es también «Señor de todos los señores y Rey de todos los reyes» como su Padre.
(Ver Juan 18:36-37; Hechos 2:36; 10:36; 1Corintios 8:6; Hebreos 1:1-3; Judas 1:4.)
Dios es literalmente el Dios y Padre de Jesús el Mesías
Debemos aclarar que aunque Jesús es Señor por encima de todo, sin embargo NO está por encima de Dios Padre, quien es literalmente su Dios y Padre y la Fuente de toda existencia con autoridad sobre su Hijo.
Según Salmo 40:6-8 y Hebreos 10:5-7, Jesús cuando vino al mundo le dijo a su Padre que estaba dispuesto a hacer su voluntad de sacrificarse y morir por todos nosotros. Nótese aquí que Jesús le habló a su Padre mencionando que era su propio Dios:
«Entonces dije: “Aquí estoy. Como está escrito acerca de mí en las Escrituras: me complace hacer tu voluntad, Dios mío, pues tus enseñanzas están escritas en mi corazón”».
(Salmos 40:7-8)
«Luego dije: “Aquí estoy, oh Dios; he venido a hacer tu voluntad como está escrito acerca de mí en las Escrituras”».
(Hebreos 10:7)
Jesús también dejó claro en estos dos pasajes siguientes que Dios es su propio Dios y Padre:
«—No te aferres a mí —le dijo Jesús a María Magdalena—, porque todavía no he subido al Padre; pero ve a buscar a mis hermanos y diles: “Voy a subir a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes”».
(Juan 20:17)
«A todos los que salgan vencedores, los haré columnas en el templo de mi Dios, y nunca tendrán que salir de allí. Yo escribiré sobre ellos el nombre de mi Dios, y ellos serán ciudadanos de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que desciende del cielo y de mi Dios. Y también escribiré en ellos mi nuevo nombre».
(Apocalipsis 3:12)
El apóstol Pablo escribió que hay un solo Dios y Padre de todos, y también un solo Señor, Jesús el Mesías:
«Pero para nosotros: Hay un Dios, el Padre, por quien todas las cosas fueron creadas y para quien vivimos; y hay un Señor, Jesús el Mesías, por medio de quien todas las cosas fueron creadas y por medio de quien vivimos».
(1Corintios 8:6)
«Hay un solo Señor (Jesús), una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, quien está sobre todos, en todos y vive por medio de todos».
(Efesios 4:5-6)
En Hebreos 1:8-9 (que hace referencia al Salmo 45:6-7), vemos que Dios Padre aquí se dirige a su Hijo y lo llama «Dios» en autoridad delegada, pero al mismo tiempo afirma que Él es «su Dios» en posición:
«Pero [Dios] al Hijo le dice: ‘Tu trono, oh Dios, permanece por siempre y para siempre. Tú gobiernas con un cetro de justicia. Amas la justicia y odias la maldad. Por eso, oh Dios, tu Dios te ha ungido derramando el aceite de alegría sobre ti más que sobre cualquier otro’».
(Ver Salmo 22:9-10; Miqueas 5:3; Juan 20:17; Romanos 15:5-6; 2Corintios 1:3; 11:31; Efesios 1:3, 17; Hebreos 1:8-9; 10:5-7; 1Pedro 1:3; 1Juan 1:3; 2Juan 1:3; Apocalipsis 1:5-6; 2:26-27; 3:5, 12, 21; 14:1.)
La autoridad que Dios Padre dio a Jesús es temporal
Como hemos visto anteriormente, Dios Padre dio autoridad a Jesús para que fuese Señor, Rey y Dios Poderoso sobre todas las cosas, y reine hasta que sean humillados todos sus enemigos debajo de sus pies (Salmo 110; Lucas 1:31-33).
Jesús vencerá sobre todos sus enemigos al final de los mil años de su reinado sobre la Tierra (Apocalipsis capítulo 20). Entonces entregará el Reino de vuelta a su Padre para que Éste sea el Único Dios Supremo sobre todas las cosas en todas partes.
Todo esto está descrito en 1 Corintios 15:24-28 :
«Después de eso, vendrá el fin, cuando el Mesías le entregará el reino a Dios el Padre, luego de destruir a todo gobernante y poder y toda autoridad. Pues Cristo tiene que reinar hasta que humille a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el último enemigo que será destruido es la muerte.
»Pues las Escrituras dicen: «Dios ha puesto todas las cosas bajo su autoridad». (Claro que, cuando dice «todas las cosas están bajo su autoridad», no incluye a Dios mismo, quien le dio a Cristo su autoridad). Entonces, cuando todas las cosas estén bajo su autoridad, el Hijo se pondrá a sí mismo bajo la autoridad de Dios, para que Dios, quien le dio a su Hijo la autoridad sobre todas las cosas, sea completamente supremo sobre todas las cosas en todas partes».
Dios es nuestro Padre celestial y Jesús es nuestro Hermano mayor celestial
Como hemos visto anteriormente, Dios es el Padre literal de Jesús. Según las Escrituras, Dios es también nuestro Padre celestial, nosotros los que somos hijos adoptivos suyos por la fe en su Hijo.
He aquí algunos pasajes bíblicos que muestran que Jesús es actualmente nuestro Hermano mayor celestial:
«Mientras iban, Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas corrieron hasta él, abrazaron sus pies y lo adoraron. Entonces Jesús les dijo: «¡No teman! Digan a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».
(Mateo 28:9-10)
«—No te aferres a mí —le dijo Jesús a María Magdalena —, porque todavía no he subido al Padre; pero ve a buscar a mis hermanos y diles: “Voy a subir a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes”».
(Juan 20:17)
«Pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser como su Hijo, a fin de que su Hijo fuera el hijo mayor entre muchos hermanos».
(Romanos 8:29)
«Por lo tanto, Jesús y los que él hace santos tienen el mismo Padre. Por esa razón, Jesús no se avergüenza de llamarlos sus hermanos, pues le dijo a Dios: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos. Entre tu pueblo reunido te alabaré». También dijo: «Pondré mi confianza en él», es decir, «yo y los hijos que Dios me ha dado»».
(Hebreos 2:11-13)
El Padre es el Dios Verdadero y el Hijo es la Vida Eterna
Jesús declaró orando a su Padre en Juan 17:2-3, que la manera de tener VIDA ETERNA es conocer personalmente a Dios su Padre, el ÚNICO DIOS VERDADERO, y a Jesús el Mesías y Salvador, a quien Él había enviado:
«Le has dado a tu Hijo autoridad sobre todo ser humano. Él da vida eterna a cada uno de los que tú le has dado. Y la manera de tener vida eterna es conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú enviaste a la tierra».
El apóstol Juan escribe en 1 Juan 1:1-3, que Jesús, quien existe desdé el principio, es la Palabra que da Vida y es la VIDA ETERNA misma. Él estaba con Dios Padre y luego nos fue revelado para que podamos tener comunión con Ellos dos:
«Les anunciamos al que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído. Lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos. Él es la Palabra de vida. Él, quien es la vida misma, nos fue revelado, y nosotros lo vimos; y ahora testificamos y anunciamos a ustedes que él es la vida eterna.
»Estaba con el Padre, y luego nos fue revelado. Les anunciamos lo que nosotros mismos hemos visto y oído, para que ustedes tengan comunión con nosotros; y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo».
El apóstol Juan escribe en 1 Juan 5:11-12 y 20, que Dios Padre nos dio VIDA ETERNA, y que esa Vida está en su Hijo. También escribe que Jesús vino para darnos entendimiento para que podamos conocer a su Padre —el Dios verdadero, y así poder tener comunión con ambos. Y concluye diciendo que el Padre es el DIOS VERDADERO y el Hijo es la VIDA ETERNA:
«Y este es el testimonio que Dios [Padre] ha dado: él nos dio vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
»Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento, para que podamos conocer [a su Padre] al Dios verdadero. Y ahora vivimos en comunión con el Dios verdadero porque vivimos en comunión con su Hijo, Jesucristo. Él [el Padre] es el único Dios verdadero y él [el Hijo] es la vida eterna».
(Ver 1Corintios 1:9; 1Juan 2:24-25.)
El Señor Jesús es el Padre de Salvación Eterna y Vida Eterna
En Isaías 9:6, el profeta habla sobre Jesús, “el Hijo que se nos ha dado”, y escribe que será llamado “Padre Eterno”.
Hoy en día, la mayoría de creyentes creen que Jesús es Dios Padre. Pero lo que realmente significa, después de leer las Escrituras en contexto, es que Jesús, después de sufrir y derramar su sangre, se convirtió en el PADRE de ETERNIDAD, o sea, el PADRE o el Autor o el Fundador o la Fuente de SALVACIÓN ETERNA y VIDA ETERNA.
El apóstol Pedro culpó a los judíos religiosos de matar al Autor de la Vida Eterna:
«Ustedes mataron al autor [padre o fundador o fuente] de la vida [eterna], pero Dios lo levantó de los muertos. ¡Y nosotros somos testigos de ese hecho!»
(Hechos de los Apóstoles 3:15)
Y en Hebreos se menciona repetidas veces que Jesús es el que inicia la Salvación Eterna:
«Dios [Padre] —para quien y por medio de quien todo fue hecho— eligió llevar a muchos hijos a la gloria. Convenía a Dios que, mediante el sufrimiento, hiciera a Jesús un líder perfecto, apto [como padre o autor o fundador o fuente] para llevarlos a la salvación [eterna]».
(Hebreos 2:10)
«Aunque era Hijo de Dios, Jesús aprendió obediencia por las cosas que sufrió. De ese modo, Dios lo hizo apto para ser el Sumo Sacerdote perfecto, y Jesús llegó a ser la fuente [padre o autor o fundador] de salvación eterna para todos los que lo obedecen».
(Hebreos 5:8-9)
«Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia [como padre o autor o fundador o fuente] y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios».
(Hebreos 12:2)
Tanto el Padre como su Hijo son ambos nuestros Salvadores
Según las Escrituras, Dios Padre es nuestro Salvador, pues por amor a nosotros, envió a su Hijo Jesús para que Éste sufriera y muriera en la cruz para salvarnos del poder del pecado y de la muerte.
«Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él».
(Juan 3:16-17)
En las cartas de los Apóstoles podemos ver que Dios Padre es nuestro Salvador por medio del Señor Jesús, el Salvador y Mesías que Él envió para pagar la deuda que teníamos con Él:
«Esto es bueno y le agrada a Dios nuestro Salvador, quien quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad.
»Pues, hay un Dios y un Mediador que puede reconciliar a la humanidad con Dios, y es el hombre Cristo Jesús. Él dio su vida para comprarles la libertad a todos».
(1 Timoteo 2:3-6)
«Que toda la gloria sea para él, quien es el único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor».
(Judas 1:25)
(Ver 2Samuel 22:3; Salmo 68:19; 140:7; Isaías 43:3; 49:26; 60:16; Lucas 1:46-47; 1Timoteo 1:1; 4:10; 2Timoteo 1:9-10; Tito 1:3; 2:10; 3:3-7.)
Por supuesto, Jesús es nuestro Gran Salvador al ofrecerse como ofrenda expiatoria para sufrir por nosotros. Sin Él, el Padre no hubiera podido salvarnos de la maldición del pecado y de la muerte que todos hemos heredado a causa de la desobediencia del primer ser humano.
(Ver Zacarías 9:9; Mateo 1:20-21; Lucas 1:69; 2:10-11; 3:6; Juan 4:42; Hechos 5:31; 13:23-24; Efesios 5:23; Filipenses 3:20-21; 2Timoteo 1:9-10; Tito 1:4; 2:13-14; 3:3-7; 2Pedro 1:1, 10-11; 2:20; 3:2, 18; 1Juan 4:14.)
Jesús es el Primero en existir y en resucitar de los muertos
Jesús, el Mesías, es el PRIMOGÉNITO de todo lo que ha sido creado/generado por Dios. Él es el principio de todo, el primero en existir y el primero en ser resucitado de los muertos con un cuerpo glorioso por el Padre. Así que Él es el PRIMERO en todo. Dios Padre no solo puso a Jesús como creador de los Cielos y de la Tierra, sino que también lo puso por cabeza de su iglesia —nosotros los creyentes nacidos de nuevo:
«Cristo es la imagen visible del Dios invisible. Él ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es el primogénito de toda la creación.
»Porque, por medio de él, Dios creó todo lo que existe en los lugares celestiales y en la tierra. Hizo las cosas que podemos ver y las que no podemos ver, tales como tronos, reinos, gobernantes y autoridades del mundo invisible. Todo fue creado por medio de él y para él. Él ya existía antes de todas las cosas y mantiene unida toda la creación.
»Cristo también es la cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo. Él es el primogénito de todos los que se levantan de los muertos. Así que él es el primero en todo».
(Colosenses 1:15-18)
(Ver Hechos 26:23; Apocalipsis 1:5-6.)
Jesús nos reconcilió con Dios Padre
Dios, en toda su plenitud y por medio de su propio Espíritu, le agradó vivir en su Hijo; y por medio de Él, Dios RECONCILIÓ consigo mismo todas las cosas. Hizo la paz con todo lo que existe en el Cielo y en la Tierra, por medio de la sangre de su Hijo Jesús derramada en la cruz:
«Pues a Dios, en toda su plenitud, le agradó vivir en Cristo, y por medio de él, Dios reconcilió consigo todas las cosas. Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz.
»Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, separados de él por sus malos pensamientos y acciones; pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta».
(Colosenses 1:19-22)
El apóstol Pablo escribe en Romanos 5:1-2:
«Por lo tanto, ya que fuimos hechos justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.
»Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la gloria de Dios».
Pablo escribe en 2 Corintios 5:18-19:
«Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación».
Y el apóstol Pedro escribe en 1 Pedro 3:18:
«Cristo sufrió por nuestros pecados una sola vez y para siempre. Él nunca pecó, en cambio, murió por los pecadores para llevarlos a salvo con Dios. Sufrió la muerte física, pero volvió a la vida en el Espíritu».
(Ver Hechos 10:34-43; Romanos 5:1-11; 2Corintios 5:14-21; Efesios 4:14-18; Apocalipsis 1:5-6; 5:6-10.)
Por eso si queremos tener acceso a Dios Padre para amarlo, adorarlo y servirle, debemos primero arrepentirnos hacia Dios, y también someternos y seguir a su Hijo Jesús, el cual dio su vida por nosotros para que pudiéramos recibir el Espíritu de Dios, y tener por tanto directo acceso a Dios su Padre.
«Pedro contestó: —Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados. Entonces recibirán el regalo del Espíritu Santo.
»Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para los que están lejos, es decir, para todos los que han sido llamados por el Señor nuestro Dios».
(Hechos de los Apóstoles 2:38-39)
(Ver Juan 1:12; Marcos 8:34-38; Efesios 2:14-18; 1Timoteo 2:5; Hebreos 1:8-9; 7:23-25.)
Jesús es el Cordero de Dios Padre
Jesús es el CORDERO perfecto de Dios Padre —el Señor Dios Todopoderoso. Él lo envió desde el Cielo como sacrificio y rescate para lavarnos de nuestros pecados al derramar su sangre en la cruz:
«Al día siguiente, Juan vio que Jesús se le acercaba y dijo: «¡Miren! ¡El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!»
(Juan 1:29)
«Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. No fue pagado con oro ni plata, los cuales pierden su valor, sino que fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha.
»Dios lo eligió como el rescate por ustedes mucho antes de que comenzara el mundo, pero ahora en estos últimos días él ha sido revelado por el bien de ustedes».
(1 Pedro 1:18-20)
«Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados».
(1 Juan 4:9-10)
(Ver Romanos 3:23-26; Hebreos 10:1-18; 1Juan 2:1-2; Apocalipsis 5:7-10; 21:22-23.)
Jesús es el Sumo Sacerdote de Dios Padre
Dios Padre hizo a su Hijo Jesús SUMO SACERDOTE al derramar su sangre por nosotros en la cruz, para que Él pudiera ser nuestro Salvador y Mediador que intercede constantemente ante Dios por nosotros los creyentes nacidos de nuevo:
«Por eso, Cristo no se honró a sí mismo haciéndose Sumo Sacerdote, sino que fue elegido por Dios, quien le dijo: «Tú eres mi Hijo. Hoy he llegado a ser tu Padre». Y en otro pasaje Dios le dijo: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec»».
(Hebreos 5:5-6)
«Entonces Cristo ahora ha llegado a ser el Sumo Sacerdote por sobre todas las cosas buenas que han venido. Él entró en ese tabernáculo superior y más perfecto que está en el cielo, el cual no fue hecho por manos humanas ni forma parte del mundo creado.
»Con su propia sangre —no con la sangre de cabras ni de becerros— entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre, y aseguró nuestra redención eterna».
(Hebreos 9:11-12)
«Hubo muchos sacerdotes bajo el sistema antiguo, porque la muerte les impedía continuar con sus funciones; pero dado que Jesús vive para siempre, su sacerdocio dura para siempre. Por eso puede salvar —una vez y para siempre— a los que vienen a Dios por medio de él, quien vive para siempre, a fin de interceder con Dios a favor de ellos».
(Hebreos 7:23-25)
(Ver 2Corintios 3:4; Efesios 5:20; 1Timoteo 2:5; Hebreos 4:14—5:10; 7:11-28; 8:1-13; 9:11-28; 12:22-24.)
Debemos recalcar que Jesús en la Tierra era menor que los ángeles, pues era necesario que fuera enteramente humano como nosotros, a fin de poder llegar a ser nuestro misericordioso y fiel Sumo Sacerdote delante de Dios el Padre por medio de su muerte y resurrección (Hebreos 2:9-18).
«No obstante, lo que sí vemos es a Jesús, a quien por un poco de tiempo se le dio una posición «un poco menor que los ángeles»; y debido a que sufrió la muerte por nosotros, ahora está «coronado de gloria y honor». Efectivamente, por la gracia de Dios, Jesús conoció la muerte por todos.
»Debido a que los hijos de Dios son seres humanos —hechos de carne y sangre— el Hijo también se hizo de carne y sangre. Pues solo como ser humano podía morir y solo mediante la muerte podía quebrantar el poder del diablo, quien tenía el poder sobre la muerte. Únicamente de esa manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte».
(Hebreos 2:9, 14-15)
(Ver Romanos 8:26-39; Gálatas 4:1-7; Efesios 2:13-22; 1Juan 2:1-2.)
El Espíritu de Amor del Padre hacia su Único Hijo y hacia nosotros
La naturaleza básica del Espíritu de Dios es AMOR genuino y abnegado. En el Salmo 86:15 podemos percibir los cinco atributos del Amor de Dios:
«Pero tú, oh SEÑOR, eres Dios de compasión y misericordia, lento para enojarte y lleno de amor inagotable y fidelidad».
Podemos ver el inmenso AMOR que tiene Dios Padre hacia su Único Hijo Jesús, a quien engendró y le dio los mismos atributos divinos que Él. El Padre, a través de su Espíritu, estaba en Jesús durante su ministerio en la Tierra, y ambos disfrutaban de una comunión íntima y amorosa.
En Juan 4:21-24, Jesús le dijo a la mujer samaritana que la relación que Dios desea, y que de hecho tenía con Él, era una relación muy profunda, constante y personal. Le dijo que Dios su Padre es Espíritu —un Ser Espiritual— y que, por tanto, a Él le gusta que lo adoremos en espíritu y en verdad, es decir, de todo corazón y en todo momento y lugar:
«Jesús le contestó: —Créeme, querida mujer, que se acerca el tiempo en que no tendrá importancia si se adora al Padre en este monte o en Jerusalén. Ustedes, los samaritanos, saben muy poco acerca de aquel a quien adoran, mientras que nosotros, los judíos, conocemos bien a quien adoramos, porque la salvación viene por medio de los judíos.
»Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».
Podemos también ver el inmenso AMOR de Dios Padre hacia nosotros al enviarnos y darnos a su Hijo Divino en sacrificio, para la redención de nuestros pecados y nuestra reconciliación con Dios, a fin de poder derramar sobre nosotros su propio ESPÍRITU lleno de AMOR celestial e inagotable, y así tener comunión íntima con Él y con su Hijo Jesús.
En Juan 17:20-26, Jesús habló de ello cuando oraba a su Padre justo antes que fuera entregado:
«No te pido solo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mí por el mensaje de ellos. Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
»Les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo estoy en ellos, y tú estás en mí. Que gocen de una unidad tan perfecta que el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas tanto como me amas a mí. Padre, quiero que los que me diste estén conmigo donde yo estoy. Entonces podrán ver toda la gloria que me diste, porque me amaste aun antes de que comenzara el mundo.
»Oh Padre justo, el mundo no te conoce, pero yo sí te conozco; y estos discípulos saben que tú me enviaste. Yo te he dado a conocer a ellos y seguiré haciéndolo. Entonces tu amor por mí estará en ellos, y yo también estaré en ellos».
(Ver Juan 1:12-14; 3:16-17; capítulos 14 a 17; 1Corintios 1:9; capítulo 13; 2Corintios 13:14; Efesios capítulo 1; 3:14-19; Hebreos 9:14-15; 1Juan 1:3; 4:7-17.)
Oramos para que tú también puedas comprender y recibir profundamente el inmenso Amor de nuestro Padre Celestial que derrama en nuestros corazones abnegadamente, a través de la fe y la obediencia a su único Hijo Divino Jesús, y a través del poder de su glorioso Espíritu Santo (su propia presencia espiritual).
(Ver también Hechos 2:4, 17-18, 33, 38; 10:44-47; 16:6-8; Romanos 5:1-5; 8:26-27; 15:30; 1Corintios 2:12-14; 2Corintios 5:5; Gálatas 4:6; 5:5-6, 22-23; Efesios 2:17-18; 4:30; 5:9, 18; 6:18; Filipenses 1:19; Colosenses 1:7-8; 1Tesalonicenses 1:6-7; 4:7-8; 5:16-22; 2Tesalonicenses 2:13-14; 2Timoteo 1:13-14; Tito 3:4-7; 1Pedro 1:2, 22; 4:14; 1Juan 3:24; Judas 1:20-21.)
Las Raíces, el Árbol, las Ramas y la Savia
He aquí una buena ilustración para ayudarnos a comprender mejor cuál es el lugar y la función del Padre, del Hijo, de nosotros los creyentes y del Espíritu Santo:
• Dios Padre es como las RAÍCES profundas ocultas a la vista de un gran árbol.
• El Señor Jesús es como el ÁRBOL fuerte y hermoso a la vista de todos.
• Nosotros los creyentes somos como las RAMAS visibles unidas al Árbol visible (el Señor Jesús).
• Y el Espíritu Santo es como la SAVIA interior o sustancia viva que viene y emana de las Raíces invisibles (Dios Padre) al Árbol visible (el Señor Jesús) y a las Ramas visibles (nosotros los creyentes).
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