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18 octubre 2026

La Verdad Bíblica sobre el Padre y el Hijo

La cultura de la iglesia cristiana establecida cree y enseña que tanto el Padre como el Hijo son un solo Ser en esencia, basándose en algunos pasajes bíblicos como Juan 10:30 y Juan 14:7. De hecho, esto es lo que promueve la doctrina de la “Santísima Trinidad" o del “Dios Trinitario”, la cual enseña de forma metafórica y categórica que existe un solo Dios verdadero que subsiste eternamente en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 


La doctrina trinitaria comenzó a promoverse en el siglo segundo y fue oficialmente establecida como única verdad bíblica en el siglo cuarto en el inicio de la Iglesia Católica Romana como institución. Posteriormente, la Iglesia Protestante durante la Reforma abrazó y promovió también esta doctrina como única verdad bíblica.


Por supuesto, nosotros creemos también en la existencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, tal como se describe en la Biblia. Sin embargo, las Escrituras mismas enseñan algo diferente con respecto a la comprensión y definición de la Deidad cuando las leemos en contexto y literalmente, y sin la perspectiva e influencia de la doctrina trinitaria. 


En este escrito examinamos diversos pasajes bíblicos que revelan quiénes son en realidad el Padre y el Hijo, y qué relación hay entre Ellos, según cuentan las Escrituras. En esta ocasión sólo examinamos los pasajes referentes al Padre y al Hijo. (Los pasajes sobre el Espíritu Santo los examinaremos en otro escrito.):


● Mateo 3:16-17

[16] Tan pronto como Jesús fue bautizado, subió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y él vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. [17] Y, he aquí, una voz del cielo decía: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él».


En este pasaje vemos que Jesús fue bautizado, y justo después que subió del agua, el cielo se abrió y vio al Espíritu de Dios Padre descender y posarse sobre Él mientras su Padre desde el cielo exclamaba: “Este es mi Hijo amado, quien me da gran gozo”. Aquí vemos que esta voz provenía de alguien que hablaba desde el cielo, es decir, de Dios Padre. Dios no solo habló abiertamente desde el cielo, sino que Él confirmó que Jesús era literalmente su propio Hijo a quien Él amaba de verdad (1 Juan 5:6-11). Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● 2 Pedro 1:17-18

[17] Jesús recibió honor y gloria de parte de Dios el Padre, cuando desde la majestuosa gloria se le dirigió aquella voz que dijo: «Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él». [18] Nosotros mismos oímos esa voz que vino del cielo cuando estábamos con él en el monte santo. 


En este pasaje vemos que el apóstol Pedro testificó que él y los demás discípulos que estaban con él y Jesús en el monte santo oyeron esa voz que venía de Dios Padre en el cielo, que decía y confirmaba que Jesús era literalmente su propio Hijo, a quien Él amaba de verdad. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Hechos 7:54-56

[54] Al oír esto, rechinando los dientes, montaron en cólera contra él. [55] Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios. [56] ―¡Veo el cielo abierto —exclamó—, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios!


En este pasaje, Esteban, a quien estaban apedreando, testificó y declaró con su boca que en aquel preciso momento vio el cielo abierto y a Jesús de pie a la derecha de Dios Padre. 


Podemos ver que Esteban no solo vio a Jesús, sino que también vio al Padre como un Ser aparte que estaba a su lado. Sería bastante difícil pensar que, en esos terribles momentos de martirio, Esteban estuviera hablando metafóricamente y no acerca de lo que sus propios ojos realmente veían. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Filipenses 2:5-11

[5] Vuestra actitud debe ser como la de Cristo Jesús, [6] quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. [7] Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. [8] Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! 

   [9] Por eso Dios [Padre] lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, [10] para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, [11] y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.


En este pasaje podemos ver que Jesús, aunque era Dios como su Padre en naturaleza y poder, cuando llegó su momento se sometió a la voluntad del Padre para que dejara a un lado su posición de Creador divino. Él vino y se hizo ser humano como nosotros e inferior a los ángeles, a fin de redimirnos del pecado y la condenación al derramar su sangre y morir obedientemente en la cruz. 


Y debido a la sumisión y la obediencia total que Jesús mostró al Padre frente al martirio que iba a sufrir (Hebreos 5:7-10), Él fue resucitado y exaltado por Dios Padre quien le dio el nombre y la autoridad sobre todo nombre y autoridad existente (Hechos 2:32-33; 5:30-32). En otras palabras, Dios Padre otorgó a Jesús la autoridad para que Él pudiera gobernar como Señor y Dios con plena autoridad y poder sobre toda la creación, en el nombre de su Padre. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● 1 Corintios 15:22-28

[22] Pues, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir. [23] Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. 

   [24] Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, después de destruir todo dominio, autoridad y poder. [25] Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. [26] El último enemigo que será destruido es la muerte, [27] pues Dios «ha sometido todo a su dominio». Al decir que «todo» ha quedado sometido a su dominio, es claro que no se incluye a Dios mismo, quien todo lo sometió a Cristo. [28] Y, cuando todo le sea sometido, entonces el Hijo mismo se someterá a aquel que le sometió todo, para que Dios sea todo en todos.


Este es un pasaje que el apóstol Pablo escribió, y cuenta que Jesús va a reinar cuando Él vuelva hasta que someta a todos sus enemigos debajo de sus pies, incluyendo la muerte. Sigue diciendo que Dios el Padre puso todas las cosas bajo la autoridad del Hijo (según cuenta el Salmo 8:6), exceptuando por supuesto al Padre mismo quien le dio su autoridad. Y al final dice que cuando Jesús haya destruido todo gobernante, poder y autoridad, entonces Él se someterá y entregará el reino a Dios Padre, para que Éste sea supremo sobre todas las cosas en todas partes. 


Podemos ver que el Padre no es solo otro Ser, sino que también Él es superior al Hijo, pues es Dios quien le dio la autoridad para que Jesús reine y venza sobre todos sus enemigos, según cuentan el Salmo 2 y el Apocalipsis capítulo 20. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Juan 14:28

[28] (Jesús:) »Ya me habéis oído deciros: “Me voy, pero vuelvo a vosotros”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo.


Jesús dijo a sus discípulos que por amor a Él tenían que alegrarse de que iba a ir al Padre, pues el Padre es más grande y poderoso que Él. Vemos aquí que Jesús está diciendo que el Padre está por encima de Él en cuanto a rango y posición. 


El apóstol Pablo escribió acerca de esta diferencia de rango entre  el Padre y el Hijo en 1 Corintios 3:23 y 11:3: “Vosotros sois de Cristo y Cristo [Jesús] es de Dios [Padre]”; “Cristo es cabeza de todo hombre, el hombre es cabeza de la mujer y Dios [Padre] es cabeza de Cristo [Jesús]“. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Juan 17:1-5

[1] Después de que Jesús dijera esto, dirigió la mirada al cielo y oró así: «Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, [2] ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado. [3] Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. [4] Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste. [5] Y ahora, Padre, glorifícame en tu presencia con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.


Jesús oró al Padre para que lo glorificase pues había recibido autoridad de Él para que diese vida eterna sólo a aquellos que el Padre le dio. Jesús declaró además que la vida eterna consistía en conocer y tener una relación personal con su Padre —el único Dios Verdadero— y con Jesús —el Mesías de Dios— a quien Él había enviado. Jesús sigue orando al Padre diciendo que Él, como enviado, ha cumplido su mandato; y le pidió que le diera la misma gloria que tuvo con el Padre antes de que se crease el mundo. 


Vemos claramente que Jesús no se hablaba a sí mismo, sino que estaba hablando en oración a alguien más, es decir, a su Padre. Sería absurdo pensar que Jesús estuviera orando a sí mismo en lugar de a su Padre celestial. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Juan 17:20-23

[20] »No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, [21] para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. [22] Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: [23] yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.


En este pasaje Jesús está orando al Padre por todos aquellos que creen y también por los que iban a creer en Él, para que todos sean uno y estén en Ellos, así como Él y su Padre son uno. Y Jesús añade: “Tú en Mí y Yo en Tí”. Muchos creen erróneamente al leer esto en Juan 10:30 y 14:8-11 que el Padre y el Hijo son un solo Ser. Pero Jesús mismo lo aclara diciendo que Él les dio la gloria divina a sus discípulos, para que fueran uno en la unidad y naturaleza del Espíritu Santo. Por eso Jesús añade: “Yo en ellos y Tú en Mí”. 


Los discípulos eran, por supuesto, seres humanos individuales; pero al mismo tiempo, iban a ser uno en la unidad y naturaleza del Espíritu Santo que pronto moraría en ellos. De igual modo, el Padre y el Hijo no son un solo Ser, sino dos Seres individuales; y, sin embargo, son uno en la unidad y naturaleza del Espíritu Santo que mora en Ellos. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


1 Corintios 8:6

[6] Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos.


El apóstol Pablo nos da a entender aquí que hay un solo Dios supremo, es decir, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos. Y también que hay un solo Señor, es decir, Jesús el Mesías, por quien todo existe y por medio del cual vivimos. Es decir, Jesús es el Portavoz y la Mano Derecha de Dios, quien obedece y ejecuta todo lo que su Padre le manda y le ordena. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Juan 20:16-18

[16] ―María —le dijo Jesús. Ella se volvió y exclamó: ―¡Raboni! (que en arameo significa: maestro). [17] ―Suéltame, porque todavía no he vuelto al Padre. Ve más bien a mis hermanos y diles: “Vuelvo a mi Padre, que es vuestro Padre; a mi Dios, que es vuestro Dios”. [18] María Magdalena fue a darles la noticia a los discípulos. «¡He visto al Señor!», exclamaba, y les contaba lo que él le había dicho.


Vemos en este pasaje que Jesús, con su glorioso cuerpo resucitado, dice a su discípula María Magdalena que le soltase porque aún no había vuelto al Padre. Y además añade que ella dijera a los demás discípulos que Él había resucitado y estaba yendo a su Dios y Padre. Es decir, que declaró a María que Dios no era sólo su propio Padre, sino también su propio Dios. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Apocalipsis 3:11-12

[11] (Jesús resucitado:) Vengo pronto. Aférrate a lo que tienes, para que nadie te quite la corona. [12] Al que salga vencedor lo haré columna del templo de mi Dios, y ya no saldrá jamás de allí. Sobre él grabaré el nombre de mi Dios y el nombre de la nueva Jerusalén, ciudad de mi Dios, la que baja del cielo de parte de mi Dios; y también grabaré sobre él mi nombre nuevo.


En este pasaje del Apocalipsis, Jesús con su glorioso cuerpo resucitado está declarando cuatro veces seguidas al apóstol Juan que Dios Padre es también su propio Dios. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Apocalipsis 5:1, 6-7

[1] En la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por ambos lados y sellado con siete sellos. 

   [6] Entonces vi, en medio de los cuatro seres vivientes y del trono y los ancianos, a un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. [7] Se acercó y recibió el rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. 


En este pasaje del Apocalipsis, el apóstol Juan cuenta que el que estaba sentado en el trono tenía un rollo sellado en su mano derecha; y que un Cordero que había sido sacrificado estaba de pie, y se acercó y recibió el rollo de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. 


Juan da testimonio de que vio a dos Seres individuales, y no solo uno, al igual que en Apocalipsis 1:4-7 y 22:22-23. Esto claramente da a entender que es el Padre, el Dios Todopoderoso, quien está sentado en el trono y le entrega únicamente a Jesús el rollo que sostenía en su mano derecha. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● 1 Tesalonicenses 1:8-10

[8] Partiendo de vosotros, el mensaje del Señor se ha proclamado no solo en Macedonia y en Acaya, sino en todo lugar; a tal punto se ha divulgado vuestra fe en Dios que ya no es necesario que nosotros digamos nada. [9] Ellos mismos hablan de lo bien que vosotros nos recibisteis, y de cómo os convertisteis a Dios dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, [10] y esperar del cielo a Jesús, su Hijo a quien resucitó, que nos libra del castigo venidero.


En este pasaje vemos que el apóstol Pablo elogia a los creyentes de Tesalónica por su fervor de compartir su fe en Dios por todas partes. Y debido a ello, él cuenta que muchos nuevos conversos no dejan de hablar de la maravillosa bienvenida que le dieron los Tesalonicenses a Pablo y a los hermanos que iban con él, y de cómo se apartaron de los ídolos para servir al Dios Vivo y Verdadero —el Padre, y esperan con ansias la venida, desde el cielo, de su Hijo, Jesús, a quien Dios Padre levantó de los muertos. 


De hecho, estos hermanos de Tesalónica confirman con sus palabras que Jesús es el Hijo literal del Dios Vivo y Verdadero, es decir, de Dios Padre, el cual es también un Ser vivo como Jesús. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Juan 1:1-3

[1] En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios [Padre], y el Verbo era Dios. [2] Él estaba con Dios [Padre] en el principio. [3] Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir.

 

Éste es uno de los pasajes donde muchos caen en el error de creer que Jesús es el Dios Supremo mismo. Algo importante que hay que tener en cuenta es que en el griego original, la palabra *THEOS* significa DIOS. Sin embargo, puede referirse tanto al Dios Supremo en cuanto a su rango como a un Dios en cuanto a naturaleza y poder, es decir, a un Ser Divino.


Cuando leemos este pasaje en oración, podemos entender que el Verbo o la Palabra viviente —*LOGOS* en griego que también significa Portavoz— ya existía en el principio de la creación y estaba con el Dios Supremo en cuanto a su posición. Sigue diciendo que el Verbo era Dios. Sí, Él era Dios; pero no el Dios Supremo en cuanto a su rango, sino Dios en cuanto a naturaleza y poder, es decir, un Ser Divino. Y es por eso que el Verbo o Portavoz pudo crear el mundo y todo lo que hay en él. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Juan 1:14, 18

[14] Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

   [18] A Dios [Padre] nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, quien es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer.


Aquí vemos que el Verbo, que también es el Hijo unigénito de Dios, se hizo hombre —o humano— para que pudiéramos ver la gloria del Padre manifestada en Él. También vemos que nadie ha visto jamás a Dios Padre, sino sólo su Hijo unigénito, el cual es también Dios como su Padre en cuanto a naturaleza y poder. 


Jesús era igual de Divino y poderoso como su Padre y vino a revelarnos al Dios Supremo e invisible, a quien nadie ha visto jamás (1 Timoteo 1:17; 6:13-16; 1 Juan 4:12). Jesús no es Dios el Padre, sino el legítimo Hijo unigénito del Padre (2 Juan 1:3). Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● 1 Juan 1:1-3

[1] Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto os anunciamos respecto al Verbo que es vida. [2] Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y os anunciamos a vosotros la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado. [3] Os anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. 


En este pasaje vemos que el apóstol Juan confirma lo que hemos visto en Juan 1:1-3, 14, 18, testificando en su carta que Jesús —que es el Verbo (o la Palabra Viviente) y la vida eterna— estaba con Dios Padre y se manifestó a los Apóstoles. Y añade que hay que tener una comunión y relación personal con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Dice claramente “y con su Hijo Jesucristo”, es decir, que Jesús no es Dios Padre, sino el Hijo legítimo del Padre (2 Juan 1:3). Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Hebreos 1:1-3

[1] Dios [Padre], que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, [2] en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. [3] El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios [Padre], la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas. [4] Así llegó a ser superior a los ángeles en la misma medida en que el nombre que ha heredado supera en excelencia al de ellos.


En este pasaje vemos que Dios Padre habló a nuestros antepasados ​​por medio de los profetas por mediación de su Espíritu en ellos, pero que ahora nos habla a todos por medio de su Hijo que vive en nosotros por mediación del Espíritu Santo. 


También dice que Jesús irradia la gloria de Dios Padre, pues es la imagen misma del Padre en naturaleza y poder, y que por lo tanto Dios creó el mundo a través de su Hijo. Además dice que después de redimirnos del pecado, Jesús ascendió y se sentó a la derecha de Dios Padre. Dios otorgó a Jesús el nombre y la autoridad que está por encima de todo lo que existe, incluyendo a los ángeles. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. 


● Colosenses 1:15-18

[15] Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, [16] porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. [17] Él es anterior a todas las cosas, que por medio de él forman un todo coherente. [18] Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero.


Tal como leemos y vemos aquí, Jesús es la Imagen visible del Dios invisible —Dios Padre— a quien nadie ha visto jamás (1 Timoteo 6:13-16; 1 Juan 4:12). Jesús es también el Hijo primogénito —es decir, el primero en ser engendrado o creado por Dios Padre (Hechos 13:32-33)—, puesto que todo lo demás fue creado por medio de Jesús y además lo creó para sí mismo. 


Dice también que Jesús es el primero en todo, no solo la primera creación de Dios sino también el primero en ser resucitado, pues fue el primero que Dios levantó de los muertos por medio de su propio Espíritu (Romanos 8:11, 29). Aquí podemos ver que Jesús tuvo un principio de existencia a diferencia del Padre, el cual nunca ha muerto y siempre ha existido (1 Timoteo 6:13-16). Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. Además vemos que, a diferencia del Padre que siempre ha existido, el Hijo tuvo un principio de existencia.


● Hechos 13:32-33

[32] »Nosotros os anunciamos a vosotros las buenas nuevas respecto a la promesa hecha a nuestros antepasados. [33] Dios nos la ha cumplido plenamente a nosotros, los descendientes de ellos, al resucitar a Jesús. Como está escrito en el segundo salmo: »“Tú eres mi hijo; hoy mismo te he engendrado”.


En este pasaje el apóstol Pablo anuncia la buena noticia acerca de la promesa que hizo Dios Padre a los antepasados y que la cumplió al resucitar de los muertos a Jesús, engendrando nuevamente a su único Hijo, según lo que está escrito en el Salmo 2:7-8. Aquí podemos ver que Jesús fue engendrado o creado de nuevo tras morir, a diferencia del Padre, quien nunca ha muerto y siempre ha existido (1 Timoteo 6:13-16). 


El Padre es el único Dios Supremo y la fuente de la propia existencia de Jesús. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. Además vemos que, a diferencia del Padre que siempre ha existido, el Hijo tuvo un principio de existencia.


● Apocalipsis 3:14

[14] »Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea: Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el comienzo de la creación de Dios.


En este pasaje, Jesús declara al apóstol Juan que Él es el principio de la creación de Dios Padre, es decir, que Él es el Soberano de la creación puesto que fue el primero en ser engendrado por Dios mismo para crear todo lo demás, como ya vimos en Colosenses 1:15-18. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. Además vemos que, a diferencia del Padre que siempre ha existido, el Hijo tuvo un principio de existencia.


● Génesis 1:1-5

[1] Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra. [2] La tierra era un caos total, las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. [3] Y dijo Dios: «¡Que exista la luz!» Y la luz llegó a existir. [4] Dios consideró que la luz era buena y la separó de las tinieblas. [5] A la luz la llamó «día», y a las tinieblas, «noche». Y vino la noche, y llegó la mañana: ese fue el primer día.


Este pasaje de la creación en Génesis describe que la Luz fue creada por Dios Padre en un principio, y viendo que la Luz era buena la separó de las tinieblas. Y Dios llamó “Día” a esta Luz y “Noche” a las tinieblas. 


En Juan 1:4-5, el apóstol Juan escribió: “En la Palabra Viviente (Jesús) estaba la vida y era la Luz de la humanidad. Esta Luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla”. En Juan 1:9-10, Él escribió: “Esa Luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo. El que era la Luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de Él, pero el mundo no lo reconoció”. 


En Juan 8:12, Jesús mismo afirmó que “Yo soy la Luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida”; y en Juan 12:46, Jesús dijo que “Yo soy la Luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas”. 


En 2 Corintios 4:6, el apóstol Pablo escribió: “Porque Dios, que ordenó que la Luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su Luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. Y en 1 Tesalonicenses 5:5, el apóstol Pablo escribió una vez más acerca de esta Luz: “Todos vosotros sois hijos de la Luz y del Día. No somos de la noche ni de la oscuridad”. 


Todos estos pasajes que acabamos de leer dan a entender que la Luz —el Día—, la cual fue creada por Dios Padre al principio de la creación y que vino al mundo, es Jesucristo mismo. Es decir, que Jesús —la Luz— tuvo un principio de existencia, y que por supuesto Él creó este mundo y el resto de la creación. Y es por eso que la Palabra de Dios afirma que Jesús es el único Hijo engendrado o creado por Dios Padre, a quien envió al mundo para darnos Luz y vida eterna (Juan 1:14, 18; 3:16-17). Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. Además vemos que, a diferencia del Padre que siempre ha existido, el Hijo tuvo un principio de existencia. 


● Proverbios 8:22-31

[22] »El Señor me dio la vida como primicia de sus obras, mucho antes de sus obras de antaño. [23] Fui establecida desde la eternidad, desde antes que existiera el mundo. [24] No existían los grandes mares cuando yo nací; no había entonces manantiales de abundantes aguas.   

   [25] Nací antes que fueran formadas las colinas, antes que se cimentaran las montañas, [26] antes que él creara la tierra y sus paisajes y el polvo primordial con que hizo el mundo. [27] Cuando Dios cimentó la bóveda celeste y trazó el horizonte sobre las aguas, allí estaba yo presente. [28] Cuando estableció las nubes en los cielos y reforzó las fuentes del mar profundo; [29] cuando señaló los límites del mar, para que las aguas obedecieran su mandato; cuando plantó los fundamentos de la tierra, [30] allí estaba yo, afirmando su obra. Día tras día me llenaba yo de alegría, siempre disfrutaba de estar en su presencia; [31] me regocijaba en el mundo que él creó; ¡en el género humano me deleitaba!


Este proverbio habla de la Sabiduría que el Señor Dios —el Padre— formó y dio vida antes de la creación del mundo. Dice que la Sabiduría gozaba de estar creando el mundo al lado de Dios. Algo relevante es que en 1 Corintios 1:24 el apóstol Pablo escribió que Jesús es el Poder y la Sabiduría de Dios. Podemos ver que Jesús es la Sabiduría Viviente que Dios Padre engendró en un principio para que ambos gozaran creando el mundo y todo lo que hay. Vemos aquí que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con diferente rango y posición, pero iguales en naturaleza y poder divinos. Además vemos que, a diferencia del Padre que siempre ha existido, el Hijo tuvo un principio de existencia. 


*            *             *


El apóstol Pablo advirtió a los hermanos en la fe que después de su muerte y partida surgirían falsos maestros que enseñarían falsas doctrinas, tergiversando y adulterando así la Palabra de Dios:


“Sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos feroces que procurarán acabar con el rebaño. Aun de entre vosotros mismos se levantarán algunos que enseñarán falsedades para arrastrar a los discípulos que los sigan”. 

(Hechos 20:29-30)


“Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos”. 

(2 Timoteo 4:2-4)


Posteriormente, el apóstol Juan escribió en una de sus cartas acerca de tener cuidado de no seguir falsas enseñanzas de maestros que habían surgido de la iglesia de creyentes. Él nos exhorta a no confiar en las enseñanzas de hombres, sino a dejar que la unción del Espíritu Santo que hemos recibido de Jesucristo nos enseñe la comprensión de la Palabra de Dios:


“Estas cosas os escribo acerca de los que procuran engañaros. En cuanto a vosotros, la unción que de él recibisteis permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Esa unción es auténtica —no es falsa— y os enseña todas las cosas. Permaneced en él, tal y como él os enseñó”.

(Juan 2:26-27)


Orando a su Padre, Jesús dijo estas palabras profundas delante de los discípulos que le seguían y obedecían para revelarles la verdad acerca de la relación filial que Él tenía con su Dios y Padre:


“En aquel momento Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo escondido estas cosas de los sabios e instruidos, se las has revelado a los que son como niños. Sí, Padre, porque esa fue tu buena voluntad.

   »Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, y nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo»”.

(Lucas 10:21-22)


Si examinamos detenidamente cada uno de los pasajes bíblicos seleccionados en este escrito, podemos ver que las Escrituras en general no apoyan la doctrina trinitaria, de carácter metafórico, la cual promueve que “hay un solo Dios pero a la vez son tres”. La esencia de esta doctrina es meramente dogmática y no tiene lógica alguna, haciéndola muy difícil de entender. 


Lo que sí vemos en las Escrituras es que el Padre y el Hijo son dos Seres individuales con libre albedrío y libertad de movimiento y expresión. También vemos que Dios es superior a Jesús en cuanto a rango y existencia, aunque ambos son iguales en cuanto a naturaleza y poder divinos. 


Jesucristo es literalmente el único Hijo de Dios Padre en cuanto a su género, puesto que Él es el primer Ser divino que fue engendrado o creado por el Padre tanto en la creación como en la resurrección. Desde un principio, Dios Padre dio la autoridad a su Hijo para que Él creara todo lo demás que existe tanto en los cielos como en la tierra. Y después de levantarlo de los muertos y darle vida, el Padre le dio la autoridad a su Hijo para que Él sea nuestro Señor y Dios, y también el Juez y Gobernante de toda la creación. 


Jesucristo no es solamente nuestro Señor, sino también nuestro Dios Poderoso (Hechos 2:36; Isaías 9:6); al cual también adoramos de la misma manera que adoramos al Padre (Juan 4:23-34; 20:26-29). El único Dios Supremo y Todopoderoso es el Padre, quien es también el Dios y Padre de nuestro Dios y Señor Jesucristo (1 Corintios 8:6; 2 Corintios 1:3-4; Efesios 1:17).


Te animamos a que te acerques a Dios nuestro Padre y a Jesús nuestro Señor orando y meditando en estos pasajes bíblicos que acabas de leer,  para que el Espíritu Santo te dé el entendimiento necesario para que puedas comprender y recibir la verdad bíblica sobre la hermosa relación filial entre Dios el Padre y su Hijo Jesús.





















07 octubre 2025

Sólo un remanente de Israelitas que crean en el Mesías serán salvos


Los hijos de Dios no son aquellos que nacen de un nacimiento físico, sino aquellos que renacen con un nacimiento que proviene de Dios mediante la fe en su Hijo Jesucristo (el Mesías), sin importar si son judíos o gentiles:

Juan 1:11-13 NVI
[11] A su propio Israel vino, y los suyos no lo recibieron. [12] Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios; [13] los cuales no nacieron de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Jesús dijo una vez a los judíos que no lo escuchaban a él ni a las palabras de Dios, que no pertenecían a Dios, sino a su padre, el diablo, el padre de la mentira. Esto demuestra claramente que no todos los judíos serán salvos solo por ser judíos genéticos.  Solo aquellos que creen sinceramente que Jesús es el Señor y Mesías enviado por Dios:

Juan 8:41-47 NVI
[41] (Jesús:) Ustedes hacen las obras de su padre. Ellos (los judíos) le respondieron: «Nosotros no nacimos de la inmoralidad sexual. Tenemos un solo Padre, Dios».
     [42] Jesús les respondió: «Si Dios fuera su Padre, me amarían, porque yo salí de Dios y estoy aquí. No vine por mi propia voluntad, sino que él me envió. [43] ¿Por qué no entienden lo que digo? Es porque no pueden soportar mi palabra.
     [44] Ustedes son de su padre el diablo, y su voluntad es hacer los deseos de su padre. Él fue asesino desde el principio y no se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él.  Cuando miente, habla de su propia naturaleza, pues es mentiroso y padre de la mentira. [45] Pero porque digo la verdad, no me creen. [46] ¿Quién de ustedes me convence de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creen? [47] El que es de Dios oye las palabras de Dios. La razón por la que ustedes no las oyen es porque no son de Dios.  

Moisés habló al pueblo judío sobre la venida de otro profeta como él. De hecho, se refería a la venida del Mesías. Y continuó diciendo que cualquier judío que no escuche al Mesías será apartado del pueblo de Dios:

Hechos 3:22-23 NVI
[22] Moisés dijo: «El Señor Dios les levantará un profeta (el Mesías) como yo de entre sus hermanos. Escúchenlo en todo lo que les diga. [23] Y toda alma que no escuche a ese profeta será exterminada del pueblo».

Los apóstoles Pedro y Juan hablaron con convicción y valentía cuando fueron arrestados por los líderes religiosos judíos por sanar a un hombre paralítico, afirmando que no hay salvación para los judíos excepto creyendo en Jesús el Mesías:

Hechos 4:11-12 NVI
[11] Este Jesús es la piedra que ustedes (los judíos), los edificadores, desecharon, y que se ha convertido en la piedra angular. [12] Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

La mente del pueblo judío se endureció, y por eso no puede comprender la verdad de la Palabra de Dios al leer las Escrituras hasta el día de hoy. Pero tan pronto como crean y se vuelvan al Señor Jesús, el velo de sus ojos se levantará:

2 Corintios 3:14-16 NVI
[14] Pero su mente (del pueblo judío) se endureció. Porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, ese mismo velo permanece sin levantar, porque solo por medio de Cristo es quitado. [15] Sí, hasta el día de hoy, cada vez que se lee a Moisés, un velo cubre sus corazones. [16] Pero cuando uno se vuelve al Señor [Jesús], el velo se quita.

El apóstol Pablo explica en Romanos capítulo 9 que los gentiles, que no seguían la Ley de Dios, fueron justificados ante Dios por su fe en Jesús. Pero los israelitas, que guardaban la Ley, no fueron justificados ante Dios por no confiar en el Mesías:

Romanos 9:30-33 NVI
[30] ¿Qué diremos, pues? Que los gentiles que no buscaban la justicia la alcanzaron, es decir, la justicia que es por la fe; [31] pero que Israel, que buscaba una ley que condujera a la justicia, no logró alcanzarla.
    [32] ¿Por qué? Porque no la buscaron por fe, sino como si se basara en obras.  Han tropezado con la piedra de tropiezo (el Mesías), [33] como está escrito: «He aquí, pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca que hace caer; y el que crea en él, no será avergonzado.»

El apóstol Pedro escribe que cuando nosotros (ya seamos judíos o gentiles) creemos y nos acercamos a Jesús —la piedra angular viva del templo de Dios, rechazada por su pueblo, pero elegida por Dios para gran honor—, nos transformamos en piedras vivas, pueblo elegido y sacerdotes santos de Dios Padre, para ofrecerle continuos sacrificios espirituales por mediación de Jesús, su Hijo y Mesías:

1 Pedro 2:4-8 NVI
[4] Acercándoos a él (Jesús), piedra viva, rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios, [5] vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
     [6] Porque está escrito: «He aquí, pongo en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; y todo aquel que crea en él no será avergonzado».  [7] Así que el honor es para ustedes los que creen, pero para los que no creen, «La piedra que los constructores desecharon se ha convertido en la piedra angular», [8] y «Una piedra de tropiezo y una roca que hace caer». Tropiezan porque desobedecen la palabra, como estaba destinado a hacerlo.

El remanente completo de los israelitas será salvo después de que el remanente completo de los gentiles lo sea

Pablo escribe en Romanos 11:25-26 que «algunos del pueblo de Israel (aquellos que aún no se han arrepentido ni han sido salvos por la fe en Cristo Jesús) han endurecido sus corazones». Pero serán salvos después de que el número de los gentiles (el remanente de no israelitas que se arrepienten y son salvos por la fe en Jesús) haya entrado. Por eso, Pablo continúa diciendo que «entonces todo Israel (todo el remanente de israelitas que se arrepienten y creen en Cristo) será salvo». Y luego añade que Dios no ha rechazado al pueblo de Israel, porque eligió a sus antepasados ​​Abraham, Isaac y Jacob. (Romanos 11:1-10, 28-29)

Romanos 11:25-27 NVI
[25] Para que no seáis sabios en vuestra propia opinión, no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio: que ha venido sobre Israel un endurecimiento parcial, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. [26] Y así todo Israel será salvo, como está escrito: «Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad»; [27] «Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados».

No todo Israel será salvo. Solo un remanente de israelitas se arrepentirá y será salvo, así como solo un remanente de gentiles se arrepentirá y será salvo. De hecho, Pablo dice en Romanos 9:26, citando la profecía de Isaías 10:22, que «aunque los hijos de Israel sean tan numerosos como la arena del mar, solo un remanente será salvo».  

Aquí hay un buen pasaje en Miqueas 2:12 que confirma y aclara lo que Pablo se refería en Romanos 11:26: “todo Israel será salvo”, lo que en realidad significa que TODO el REMANENTE de Israel que se arrepienta y crea en Cristo será salvo:

Miqueas 2:12 (RVR1960)
[12] Ciertamente te reuniré a TODOS, oh Jacob; reuniré al REMANENTE de Israel; los haré reunir como ovejas en un redil, como rebaño en su pasto, una multitud ruidosa de hombres.

Pablo continúa escribiendo en Romanos capítulo 11:

Romanos 11:28-32 (RVR1960)
[28] En cuanto al evangelio, son enemigos por causa de ustedes. Pero en cuanto a la elección, son amados por causa de sus antepasados. [29] Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.  [30] Porque así como en un tiempo fueron desobedientes a Dios, pero ahora han alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, [31] así también ellos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia mostrada a ustedes, también ellos alcancen misericordia. [32] Porque Dios ha encerrado a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos (judíos y gentiles).

Aquí arriba dice que Dios tendrá misericordia de TODOS, sí, sean judíos o gentiles. Pero esto no significa que todos los gentiles y judíos serán salvos. Solo los pobres de espíritu, los mansos, los misericordiosos, los que tienen hambre y sed de justicia, los limpios de corazón y los pacificadores serán salvos y llamados hijos de Dios. (Véase Mateo 5:1-9). Solo aquellos, judíos o gentiles, que crean y reciban a Jesucristo como su Señor y Salvador personal, serán adoptados como hijos de Dios.  (Véase Juan 1:12-13; Romanos 10:8-13.)

¿Cuándo se salvará todo el remanente de gentiles e israelitas?

Los siguientes versículos confirman que esto ocurrirá en el momento del Rapto, justo después de la Gran Tribulación o Angustia perpetrada por el Anticristo, cuando TODAS las personas del mundo VERÁN a JESUCRISTO descender de las nubes del cielo y llorarán, incluyendo a quienes lo traspasaron o crucificaron: los judíos.

Isaías 59:20-21 NVI
[20] «Y vendrá un Redentor (Jesús) a Sion, para los que en Jacob se apartan de la transgresión (pecado)», declara el Señor.  [21] «Y en cuanto a mí, este es mi pacto con ellos —dice el Señor—: Mi Espíritu que está sobre ti y mis palabras que he puesto en tu boca no se apartarán de tu boca, ni de la boca de tu descendencia, ni de la boca de la descendencia de tus hijos —dice el Señor—, desde ahora y para siempre».

Zacarías 12:9-10 NVI
[9] «Y en ese día procuraré destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusalén.
    [10] «Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplicas de misericordia, para que, al mirarme a mí, a quien traspasaron (a Jesús), se lamenten por él como se llora por un hijo único, y lloren amargamente por él como se llora por un primogénito.

Mateo 24:29-31 NVI
[29] «Inmediatamente después de la [gran] tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán 
    [30] Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre (Jesucristo), y entonces todas las tribus de la tierra lamentarán, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. [31] Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y reunirán a sus escogidos [de todo el mundo], de los cuatro vientos [de la tierra], desde un extremo del cielo hasta el otro.

Apocalipsis 1:7 NVI
[7] He aquí, él (Jesús) viene con las nubes, y todo ojo lo verá, incluso los que lo traspasaron (crucificaron), y todas las tribus de la tierra lamentarán por él. Sí, amén.

Apocalipsis 14:9-16 NVI
[9] Y otro tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: «Si alguno adora a la bestia (el Anticristo) y a su imagen, y recibe una marca en la frente o en la mano, [10] él también beberá del vino de la ira de Dios, vaciado puro en el cáliz de su ira, y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero. [11] Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen descanso, ni de día ni de noche, los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre».
    [12] Aquí se hace un llamado a la perseverancia de los santos, aquellos que guardan los mandamientos de Dios y su fe en Jesús. [13] Y oí una voz del cielo que decía: «Escribe: Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor de ahora en adelante».  «¡Bendito sea —dice el Espíritu— que descansen de sus trabajos, porque sus obras los acompañan!»
    [14] Miré, y he aquí una nube blanca, y sentado sobre la nube a uno semejante a un Hijo del Hombre (Jesucristo), con una corona de oro en la cabeza y una hoz afilada en la mano. [15] Y otro ángel salió del templo, llamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: «Mete tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar, pues la mies de la tierra está madura». [16] Y el que estaba sentado sobre la nube blandió su hoz sobre la tierra, y la tierra fue segada.

Los cristianos debemos predicar el Evangelio a judíos y a no judíos ahora y donde quiera que estén

No hay ningún lado en las Escrituras que dice que hay que ayudar actualmente a los judíos, para que crean y se salven, a regresar a la tierra que Dios había prometido a los israelitas en el Antiguo Pacto o Testamento. De hecho, cuando Jesús el Mesías regrese, todo el mundo lo verá venir, incluidos los judíos, donde quiera que estén.

Apocalipsis 1:5-7 NVI
[5] Al que nos ama y que por su sangre nos ha librado de nuestros pecados, [6] al que ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes al servicio de Dios su Padre, ¡a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén.
    [7] ¡Miren que viene en las nubes! Y todos lo verán con sus propios ojos, incluso quienes lo traspasaron (los judíos); y por él harán lamentación todos los pueblos de la tierra. ¡Así será! Amén.

El Israel de Dios actual no es una tierra física que llaman Israel. Israel es en realidad el pueblo escogido de Dios entre gentiles y judíos que se arrepienten de sus pecados y dan su vida a Jesús el Mesías en el bautismo.

Gálatas 3:26-29 NVI
[26] Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, [27] porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo.
    [28] Ya no hay judío ni no judío, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús.
    [29] Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.

Jesús volverá para reinar 1000 años sobre toda la Tierra, y no solamente sobre una pequeña tierra como la del estado de Israel actual. Dios no necesita que llevemos judíos a ia tierra física de Israel. Esto no es bíblico, sino simplemente una interpretación bíblica dogmática.

Lo que Dios quiere verdaderamente es que prediquemos el Evangelio de salvación en Jesucristo a todos los judíos que podamos donde quiera que estén. El Evangelio es lo que los judíos necesitan oir para que algunos sean salvos ahora. De hecho, deben escucharlo ahora para que muchos crean que Jesús es el Mesías cuando venga y descienda de las nubes.

Romanos 10:14-17 NVI
[14] Ahora bien, ¿cómo invocarán [los israelitas] a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien predique? [15] ¿Y cómo predicarán sin ser enviados? Así está escrito: «¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian las buenas noticias!».
    [16] Sin embargo, no todos los israelitas aceptaron las buenas noticias. Isaías dice: «Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje?».
    [17] Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje [que se predica] y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.